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Wald Lasowski, A. (2024). Jacques Derrida et Édouard Glissant en dialogues. Saint Denis:
Presses Universitaires de Vincennes. Cuestiones de Filosofía, 10 (35), 235-239.
https://doi.org/10.19053/uptc.01235095.v10.n35.2024.18638
“el vínculo entre la lengua y la nación, o entre la comunidad y el individuo,
no es ni sencillo ni natural” (p. 155). Los retos culturales los reúnen, como
por ejemplo “la poética del vínculo” al que se reere Glissant, y hace eco a
“la política de la relación” a la que alude Derrida (p. 156). Más allá de estas
diferencias, Glissant y Derrida “fundan una poética de la literatura, cuyos
retos múltiples, de la lengua al desarraigo, del nomadismo a la hibridación,
invitan a operar sin cesar unos desplazamientos y unos inventos” (p. 157). De
ese modo, ambos expresan una misma aspiración a practicar una escritura que
no sea exclusivamente losóca ni literaria, sino ambas a la vez: “Tanto en
sus textos como en sus pensamientos, así como en sus fecundos intercambios,
cada uno, a su manera, ha inventado una nueva lengua” (p. 158).
Esto no oculta las especicidades de sus pensamientos. De hecho, Edouard
Glissant maniesta una clara desconanza política hacia la globalización
liberal y occidental, y se muestra crítico con el cosmopolitismo conquistador
basado en un supuesto universalismo y un humanismo aparente que postula
la inamovilidad tiránica del Estado-nación y de la soberanía territorial. La
defensa del lugar abierto y el elogio de la relación con los demás actúan como
contrapesos a la estandarización. Alejándose del marco nacional, de una lengua
única, de una cultura determinada y de una identidad exclusiva, Glissant
promueve una apertura al prójimo en una totalidad-mundo. En ese sentido, se
opone a “cualquier forma de jeza que inmoviliza una trascendencia. Entre
ellas, el Estado-nación, reejo de la unidad, símbolo de la identidad-raíz,
estandarizada, globalizada, uniformizada” (p. 15). De hecho, “la identidad-
raíz y la unidad borran cualquier diferencia, hacen desaparecer cualquier
matiz” (p. 156). Como pensador de la diversidad, “Glissant es el lósofo de
la identidad-relación. Apoya el conjunto de las conexiones en movimiento y
en transformación. Opone la globalidad en movimiento a la globalidad ja,
que abre los lugares relacionados entre sí, sin confundirlos ni perderlos” (p.
157). Derrida, en cambio, es el pensador de la diferencia, porque posibilita
“la vida, la escritura, el espaciamiento (…) la apertura fenomenológica así
como la apertura política” (p. 157). Con la diferencia desaparece lo similar y
lo idéntico, dado que propicia el desfase, el desplazamiento y la ruptura. La
diferencia no es un concepto sino un movimiento.
Al término de la lectura de esta obra, es preciso subrayar el interés de ese
diálogo entre dos guras relevantes del pensamiento francés e internacional.
De hecho, el 20 aniversario de la desaparición de Derrida en 2024, y el