https://doi.org/10.19053/01227238.15803
Articulo de Investigación
Reconfiguración de saberes: Vivencia
académica de las reformas universitarias en la UTP 1980-1994
Reconfiguration of
knowledge: Academic experience of university reforms at the UTP
1980-1994
Reconfiguração do
saber: Experiência académica das reformas
universitárias na UTP 1980-1994
Natalia Agudelo Castañeda[1]* https://orcid.org/0000-0003-4305-5426
Jhon Jaime Correa Ramírez[2]* https://orcid.org/0000-0002-1741-6534
Edwin Mauricio López García[3]* https://orcid.org/0000-0002-1280-9072
*Universidad Tecnológica de Pereira,
Colombia
Objetivo: Explorar el cambio experimentado en la
educación superior colombiana desde los años ochenta, específicamente a través
del análisis de la aplicación práctica del Decreto Ley 80/1980 a nivel regional
y local. El objetivo principal es llenar un vacío de conocimiento existente
sobre el impacto de este decreto en las instituciones
educativas, destacando su influencia en la cotidianidad universitaria.
Originalidad o Aporte: Se
enfoca en un aspecto poco explorado de la reforma universitaria en Colombia,
centrándose en la experiencia regional y local de la Universidad Tecnológica de
Pereira. Se busca proporcionar una
perspectiva completa sobre el desarrollo institucional y los efectos en los
distintos estamentos universitarios, contribuyendo así al conocimiento
existente sobre las reformas de los ochenta y noventa.
Método: El
método de investigación es de tipo histórico y se basa en el análisis y
contraste de fuentes primarias, utilizando el archivo institucional de la
Universidad Tecnológica de Pereira. Se accede a documentos de los Consejos
Superior y Académico, así como a testimonios de
profesores y personal administrativo. Este enfoque permite contrastar el
desarrollo institucional con la experiencia de los distintos estamentos frente
a los cambios introducidos por el Decreto Ley 80/1980.
Estrategia de Recolección de
Información: Las estrategias de recolección de
información se centran en el análisis detallado de documentos institucionales y
testimonios. Se buscó obtener una perspectiva completa sobre la imple- mentación de las reformas, utilizando la Universidad
Tecnológica de Pereira como caso de estudio representativo de la experiencia
universitaria regional durante el periodo en cuestión.
Conclusiones: En
las conclusiones, se destaca la oportunidad de reflexionar sobre cómo las
reformas universitarias de los ochenta y noventa, enmarcadas por el Decreto Ley
80/1980, otorgaron un cariz neoliberal a la cotidianidad universitaria. Se
enfatizan los impactos en la vida directiva, docente y estudiantil, utilizando
la experiencia de la UTP como prisma para comprender estos cambios en la
educación superior.
Palabras
Clave: Educación superior; Colombia; reformas;
Universidad Tecnológica de Pereira.
Abstract
Objective: Explore
the change experienced in Colombian higher education since the eighties,
specifically through analyzing the practical application of Decree Law 80/1980
at regional and local levels. The main objective is to fill a gap in existing
knowledge about the impact of this decree on educational institutions,
highlighting its influence on university daily life.
Originality or
Contribution: It focuses on a
little-explored aspect of university reform in Colombia, focusing on the
regional and local experience of the Universidad Tecnológica de Pereira. The aim is to
provide a complete perspective on institutional development and the effects on
the different university strata, thus contributing to the existing knowledge on
the reforms of the eighties and nineties.
Method: The
research method is historical and is based on the analysis and contrast of
primary sources, using the institutional archives of the Universidad Tecnológica de Pereira.
Documents from the Higher and Academic Councils and testimonies from teachers
and administrative staff were also analyzed. This approach allows institutional
development to be contrasted with the experience of the different levels
regarding the changes introduced by Decree Law 80/1980.
Information Collection
Strategy: Information collection strategies focus on
detailed analysis of institutional documents and testimonials. The aim was to
obtain a complete perspective on the implementation of the reforms, the Universidad Tecnológica de Pereira
works here as a representative case study of the regional university experience
during the period studied.
Conclusions: The
conclusions offer an opportunity to reflect on how the university reforms of
the eighties and nineties, framed by Decree-Law 80/1980, gave a neoliberal character to everyday
university life. The impacts on management, faculty; and student life are
emphasized, using the UTP experience as a prism for
understanding these changes in higher education.
Keywords:
Higher education; Colombia; reforms; Universidad Tecnológica de Pereira.
Resumo
Objetivo: Explorar a mudança experimentada no ensino superior colombiano desde a
década de 1980, especificamente através da análise da aplicação prática do Decreto-lei 80/1980 a nível
regional e local. O principal objetivo é preencher uma lacuna existente no
conhecimento sobre o impacto deste decreto nas instituições de ensino,
destacando a sua influência no quotidiano universitário.
Originalidade ou
contribuição: O
estudo incide sobre um aspeto pouco explorado da reforma
universitária na Colômbia, centrando-se na experiência regional e local da
Universidade Tecnológica de Pereira. O objetivo é fornecer uma perspetiva completa
do desenvolvimento institucional e dos efeitos sobre os diferentes estratos
universitários, contribuindo assim para o conhecimento existente sobre as
reformas das décadas de 1980 e 1990.
Método:
O método de investigação
é histórico e baseia-se na análise e no contraste de fontes
primárias, utilizando os arquivos
institucionais da Universidade Tecnológica de Pereira. São
consultados documentos dos Conselhos Superior e
Académico, bem como testemunhos de professores e funcionários administrativos.
Esta abordagem permite contrastar a evolução institucional com a experiencia
dos diferentes estratos face às mudanças introduzidas pelo Decreto-Lei 80/1980.
Estratégias/coleta de
dados: As estratégias de recolha de informação
centram-se na análise detalhada de documentos e testemunhos institucionais. O
objetivo era obter uma perspetiva completa sobre a
implementação das reformas, utilizando a Universidade Tecnológica de Pereira
como um estudo de caso representativo da experiência universitária regional
durante o período em questão.
Conclusões:
Nas conclusões, destaca-se a oportunidade de refletir sobre o modo como as
reformas universitárias dos anos 80 e 90, enquadradas pelo Decreto-Lei 80/1980,
deram um rosto neoliberal ao
quotidiano universitário. Destacam-se os impactos na gestão, na docência e na
vida estudantil, utilizando a experiência da UTP como prisma para compreender
estas mudanças no ensino superior.
Palavras-chave:
Ensino superior; Colômbia; reformas;
Universidade Tecnológica de Pereira.
Recibido:
04/04/2022
Evaluado:
26/09/2022
Aprobado:
19/07/2023
Este
artículo se propuso examinar las
transformaciones en la universidad colombiana durante el periodo comprendido
entre 1980 y 1994, centrándose específicamente en la Universidad Tecnológica de
Pereira[4]. Este
periodo de estudio aborda un momento crucial en la educación superior, cuya
relevancia ha sido subestimada en la historiografía educativa. Aquellos que han
investigado las reformas universitarias han concentrado sus análisis
principalmente en las décadas de los sesenta y setenta, durante las cuales
surgieron intentos de reforma que encontraron una fuerte oposición por parte
del movimiento estudiantil.
Este
lapso se destaca como uno de
los más turbulentos en la realidad política y social de Colombia, caracterizado
no solo por cambios significativos en el ámbito educativo, sino también
por niveles alarmantes de violencia política vinculados al auge del
narcotráfico y al avance del paramilitarismo. Estos fenómenos,
sin
duda, dejaron una huella indeleble en la realidad universitaria, evidenciando
la
intrincada interacción entre las transformaciones en la educación superior y
los desafíos sociopolíticos que marcaron este periodo.
Respecto
al contexto que se refiere al marco normativo de la educación superior, es
posible afirmar que en el país no existía una ley general de educación y su
antecedente data del año 1903[5], por lo que
durante la segunda mitad del siglo XX se van a desencadenar conflictos
universitarios que demandaban aspectos que requerían de una legislación que
respondiera al momento histórico. Lo anterior, tiene mucho más peso si se tiene
en cuenta que entre 1950 y 1967 se crearon en el país 24 universidades que para
el año de 1974 había alcanzado una población estudiantil de 142.000 -75.500 en
universidades públicas y 66.500 en privadas-[6]. En palabras de Correa, Agudelo
y Niño: “la multiplicación de universidades respondió a un sinnúmero de
intereses, que pasaban tanto por la creación de
instituciones educativas que aportaran al desarrollo económico e industrial,
como por la puesta en marcha de proyectos educativos descentralizados”[7].
Retomando
el hilo explicativo sobre la reforma, la necesidad de ésta ha sido materia de
la agenda educativa y política en Colombia, especialmente, desde
los años sesenta en los que las recomendaciones de misiones extranjeras como la
de Rudolph Atcon[8]
y las emanadas por el programa de Alianza para el Progreso, ya
daban luces alrededor de las orientaciones en el ámbito formativo del nivel
superior, que, para entonces, debía
responder al discurso desarrollista que llevaría al país a un avance económico,
político y social que pudiera alcanzar el nivel de vida del primer mundo.
Otro
momento clave de reforma se dio en la Universidad Nacional de Colombia, bajo el
mandato de José Félix Patiño (1964-1966), allí la Universidad era concebida
como un “instrumento” de cambio. En esta reforma se tomaron en consideración
algunas de las recomendaciones de Atcon, como la
departamentalización de los programas y facultades, y el impulso de la
investigación científica. Pese a la resistencia estudiantil hacia la reforma,
por ser considerada un acto de injerencia extranjera norteamericana, esta fue
puesta en marcha y marcó las pautas para la reestructuración orgánica de las
universidades en el país, aunque aún sin una ley general que la rigiera.
Adicionalmente,
los intentos por la reforma a la educación superior, y cómo tal al sentido
mismo de la Universidad estuvieron acompañados de movimientos de protesta
estudiantiles especialmente, de esta época se recuerdan las jornadas del año
1971, en el que el estamento estudiantil elaboró, sobre la base del manifiesto
liminar de Córdoba[9], un programa mínimo,
en
el que se exigió entre otras, la incorporación de actores estudiantiles y
profesorales en el gobierno universitario. Representantes con los que hoy en
día no se concibe el gobierno y la democracia universitaria, pero que en su
momento fue la lucha de una generación, permeada por
la exclusión de la vida política que supuso el Frente Nacional.
En
el período de gobierno de Julio César Turbay Ayala
(1978-1982),
se llevó a cabo el intento más sólido de reformar la educación superior
mediante la implementación del “Plan Básico”, que tenía como base las
recomendaciones del emisario del Banco Mundial Rudolph
Atcon.
El
desarrollo socioeconómico de una comunidad está en función directa de su
desarrollo educativo. No hay razón valedera para que sigamos pensando que solo
una sociedad próspera puede asumir el gasto de un sistema educativo de primer clase. Precisamente es la sociedad menos favorecida,
la menos desarrollada, la menos adelantada técnica e industrialmente, la
sociedad tradicional en un nivel bajo de equilibrio económico, la que más
necesita hacer fuertes inversiones en la educación[10].
En
este plan se pensó, además, la creación de un sistema universitario y de un
órgano que tuviese las funciones de gobierno y coordinación, se habla aquí del
Instituto Colombiano de Fomento de la Educación Superior (ICFES), y su
finalidad principal sería la de asegurar las condiciones de calidad de este
nivel de la educación. La construcción y promulgación del Plan Básico partía
del hecho de que hubo entre 1964 y 1977 un crecimiento de la matrícula en la
educación superior 527%. De allí que, en su Plan de Desarrollo, Turbay
propusiera la resolución de los problemas propios de la educación que tenía que
ver con el currículo, los docentes, la educación
que estaba por fuera de la escuela, como el SENA y la educación informal que se
venía impartiendo por medios de comunicación para la época[11].
Este
último aspecto que tiene que ver con los modos de educación formal, no formal e
informal y su integración en un sistema, lo cual constituyó la apuesta que
tenía más fuerza en el Plan Básico y que se materializarían más adelante con el
decreto Ley 80 de 1980. Es importante acotar en este punto, que la concepción
de estas leyes tiene mucho que ver con la injerencia extranjera y las presiones
que los organismos internacionales supusieron para la consolidación de un
sistema económico neoliberal, que además tiene su momento de tránsito entre la
década los años ochenta y los noventa.
Es
en este momento en el que por primera vez el gobierno utiliza oficialmente el
término de educación postsecundaria” para referirse tanto a la educación
universitaria como a la tecnológica, técnica y politécnica. Lo que, de acuerdo
con la concepción del gobierno, la educación universitaria haría parte de un
sistema más amplio que tomaría el título de sistema de educación postsecundario[12].
De
hecho, para afianzar este argumento, en los planes de desarrollo de los
gobernantes colombianos entre 1980-1990, especialmente, el de Belisario
Betancur (1982-1986) planteó para la universidad que,
“se
buscará descentralizar el sistema de educación
superior y las oportunidades de investigación, y se fomentará la expresión de
los valores culturales regionales como parte integrante de la nacionalidad
colombiana”[13]. Esto último
es relevante en la medida, que se empieza a ver que se va ganando conciencia
sobre el crecimiento de la matrícula de la educación superior, al tiempo que se
fortalece el sistema universitario regional, y la universidad gana fuerza en la
discusión pública y en las lides del presupuesto nacional.
Ahora
bien, en esta reflexión se abordará en primer lugar los años ochenta, una etapa
que en el proyecto de investigación se ha denominado: la universidad reconfiguradora de saberes, en el que se abordan distintos
aspectos como la docencia, la investigación y los programas académicos que
emergen en ese momento, especialmente la oferta posgradual todo ello a
propósito de los acomodos propiciados por la nueva legislación de educación
superior. En un segundo momento, se abordan los años noventa, una fase que se
ha denominado: la apertura educativa y la universidad del futuro a debate, que
tiene que ver con la promulgación de la Ley 30 de 1992, la nueva constitución
política del país, y la manera en que eso se manifiesta en la nueva oferta
educativa universitaria para una región que se ha configurado como de
avanzadas.
La década de transición
universitaria, los años ochenta y la reconfiguración de saberes
En
la década de los ochenta del siglo XX, la Universidad Tecnológica de Pereira experimentó
un cambio significativo en su dinámica académica al reformar su Estatuto
General y Estructura Orgánica. Esta metamorfosis estuvo estrechamente vinculada
al impacto del decreto ley 80 de 1980, abriendo un nuevo panorama en la vida
universitaria de la UTP La reforma se destacó por la instauración de nuevas
facultades y el fomento del carácter
investigativo en la educación superior. Especialmente relevante fue el énfasis
en programas clasificados en esa época como de formación avanzada, dirigidos a
la obtención de títulos como Especialista, Magister o Doctor, marcando así una
etapa distintiva en el desarrollo académico de la institución[14].
A
nivel historiográfico, el periodo de 1980 a 1992 ha sido caracterizado por la
unificación del sistema nacional de la educación superior. En esta etapa
histórica se reafirmó el intervencionismo estatal de las dos décadas anteriores
centralizando el control académico y financiero de las universidades por parte
del ICFES. Además, se abrió la puerta al modelo de autofinanciación y tuvo
lugar un crecimiento acelerado de las instituciones de carácter privado[15].
En
este sentido, el decreto 80 apareció como una respuesta del gobierno de Turbay Ayala
al
diverso y amplio conjunto de universidades estatales y privadas buscando
unificar la estructura de su organización administrativa y académica. Si bien
la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional el artículo 51 del
decreto acerca de la organización homo-geneizante de
la universidad, en la práctica todos los centros universitarios se adaptaron a
lo reglamentado en el decreto[16].
Entre
los aspectos centrales de esta reforma universitaria se encontraban la búsqueda
de una reglamentación flexible de las distintas modalidades de educación
superior: intermedia profesional (técnica), tecnológica, universitaria, y
avanzada o de postgrado. De igual modo, se designó a la investigación como
función misional universitaria aun cuando no se amplió el presupuesto destinado
a esta actividad, y sólo a lo largo de esta década, paulatinamente se fue
creando el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología que se consolidaría luego
en los años 90[17].
De
otro lado,
durante
los ochenta la única expansión de la oferta educativa del sector estatal fue
impulsada por Belisario Betancur (1982-1986) mediante la creación y
organización del Sistema de Educación Superior a Distancia, que contempló una
meta de 200.000 alumnos en el cuatrienio. Sus resultados fueron exiguos a nivel
nacional con tan solo 50.000 nuevos estudiantes, en su mayoría maestros de
primaria y secundaria que buscaron ascender en el escalafón docente[18]. A pesar del
reducido impacto en Colombia, varios actores de este proceso en la UTP afirman
que a nivel regional esta profesionalización a distancia fue fructífera con la
implementación del plan extramuros en esta universidad.
Adaptación de Directivas,
Docentes y Estudiantes en una UTP reconfigurada.
La
adaptación de la Tecnológica de Pereira a este nuevo marco normativo se
caracterizó por una reorganización académica en la que sobresalieron la
designación de distintas unidades académicas al nivel de Facultades y la
aparición de los primeros programas de posgrado. A manera de ejemplo, se pueden
reseñar la conversión del Instituto Politécnico en
la Facultad de Tecnologías, la fusión del Instituto de Bellas Artes y del
Departamento de Humanidades para dar paso a la Facultad de Bellas Artes y
Humanidades, y la aparición de la Facultad de Ciencias Básicas luego de haber
sido un departamento académico en las décadas anteriores.
La
creación de estas nuevas unidades académicas en los años ochenta tuvo
repercusiones al interior de la universidad sobre los cuerpos directivos,
docentes y estudiantiles. Ante un periodo de cambio propiciado por el decreto
ley 80 de 1980, los distintos actores universitarios reflexionaron sobre el
rumbo y el rol social que debía afrontar esta universidad regional luego de dos
décadas anteriores en las que habían prevalecido los debates académicos de la
militancia política de izquierda.
El
exrector Gabriel Jaime Cardona, cuyo periodo en el cargo abarcó de 1978 a 1991,
señala en sus propias palabras, que durante su administración una de las
preocupaciones académicas giraba alrededor de modificar el modelo de enseñanza
avanzando en la aperturade programas de posgrado e
integrando nuevas áreas del conocimiento de forma que tuvieran influencia en la
formación profesional de todos los estudiantes. El impulso de los procesos
investigativos fue según la consideración del exrector Cardona la clave para
dar un paso adelante en la historia de la UTP:
Yo
me planteaba en esa época, nosotros no podemos seguir detrás del conocimiento
que se produce en los países desarrollados. Nosotros podemos, si damos las
condiciones aquí y con la asesoría de esos países desarrollados y esas
universidades crear conocimiento. Eso fue lo que yo visualicé en esa época de
lo que debería ser la universidad. Un paso en la investigación. Que era
importante dar ese paso. Y lo otro empezar
a enviar a nuestros profesores a otras universidades del mundo[19].
Además,
para la rectoría de este periodo, la reconfiguración de los saberes con las
nuevas facultades y programas debía impactar el proceso formativo del estamento
estudiantil. Cardona señala que, por ejemplo, el programa de Filosofía y
Cultura creado a finales de los años 80 tuvo como uno de sus propósitos, a la
par de la profesionalización de los estudiantes, cambiar el discurso interno de
la universidad, en especial de las asambleas, el cual el exrector describe como
un discurso repetitivo, demasiado sesgado políticamente, razón por la cual la
filosofía abría un campo discursivo distinto que interviniera en el debate
público universitario.
Otro
de los cambios académicos buscados desde el estamento administrativo se
relacionó con la apertura de programas que pusieran en consonancia a la
universidad con los nuevos modelos tecnológicos y su aplicación en variadas
ciencias. Estos fueron los casos de la Maestría en Comunicación Educativa, en
el que las directivas veían que el componente audiovisual en la educación era
un componente definitivo para renovar las formas de enseñanza en el proceso
educativo, lo mismo que la Maestría en Automatización de la Facultad de
Ingeniería Mecánica, creada luego de un proceso de formación doctoral de varios
docentes en la Universidad South Bank en Londres, y que incidió en la
actualización de procesos industriales controlados por computadores tal y como
ocurrió con la fábrica de comestibles La Rosa[20].
Desde
la visión de los docentes, este periodo de transición académica tuvo
implicaciones en su quehacer académico en términos de la relación
docente-estudiante y su participación en el diseño curricular
de
nuevos programas. Por ejemplo, al elevarse a Facultad de Ciencias Básicas, esta
unidad académica que históricamente se había encargado de la formación básica
de todos los estudiantes de ingenierías, recibió el traslado del programa de
Licenciatura en Matemáticas y Física desde la Facultad de Educación. Ello
significó un aumento de la carga académica docente, y, por lo tanto,
profesores
que también pasaron de Educación y Ciencias Básicas con el traslado de la
licenciatura mencionada anteriormente, perdieron
el tipo de relación más cercana con sus alumnos como lo señala la profesora
jubilada Gloria Obregón de Mora[21].
Por
su parte, Bellas Artes y Humanidades sufrió una transformación profunda en su
composición estudiantil, pues se cualificó el ingreso de sus estudiantes ya que
los cursosde extensión en artes y música que antes
estaban abiertos al público general de la ciudad se orientaron a la recepción
de egresados de educación básica secundaria en procura de obtener un título
profesional en estas áreas. Esta transformación le exigió la construcción
completa de la malla curricular de las licenciaturas al grupo directivo y
profesoral de esta facultad, al tiempo que se hizo un proceso de homologación
profesoral para actualizar su situación contractual y vincularse de acuerdo con
la normativa del estatuto docente de la universidad tal y como la acreditó en
entrevista su exdecana María Teresa de la Cuesta[22].
Estos
cambios demuestran una universidad dinámica que, a nivel académico, tuvo que
reinventarse y adaptarse a la reorganización de sus campos del saber y hacerles
frente a las nuevas contingencias académicas, de forma que la ampliación de
campos del conocimiento sembró las primeras semillas de nuevos legados de
conocimiento en las Bellas Artes y Humanidades, además de la transformación de
tradiciones científicas en el departamento de Ciencias Básicas.
En
contraste de estas visiones administrativas y docentes, la vivencia de los
estudiantes de aquellos años estuvo marcada por ciertas limitaciones académicas
que resaltan en sus testimonios durante las etapas de ingreso, estudio y egreso
a la vida universitaria. En primer lugar, el profesor Reinaldo Marín[23], estudiante
de la Facultad de Tecnologías en dicha década, rememora cómo ante la aparición
de esta facultad algunos estudiantes optaron por no graduarse como
laboratoristas químicos y lo hicieron como tecnólogos químicos, sin embargo,
esta
nueva modalidad educativa de educación superior para los años ochenta, ahondó a
nivel interno la diferenciación entre tecnólogos e ingenieros, ya que a
aquellos tecnólogos recién egresados que intentaron transferirse a las
ingenierías se les exigió repetir las asignaturas de ciencias básicas. Esta
situación demuestra que la ansiada flexibilidad académica de las modalidades de
educación superior reglamentada en el decreto 80 no se plasmó en este caso en
la vida universitaria.
Igualmente,
a pesar de la ampliación de áreas del conocimiento, para los jóvenes que
buscaban ingresar a la universidad, postularse a la UTP estaba limitado por
elegir un programa académico que se ajustara a sus expectativas,
gustos
y necesidades. La actual docente Aura Margarita Calle[24], egresada de la Licenciatura
en Español y Comunicación Audiovisual, recuerda que
tomó la decisión de estudiar a este pregrado debido a que era el más parecido
en una universidad pública a Comunicación Social, ya que no podía trasladarse a
otra ciudad para estudiar y además debía trabajar en el día. Sin embargo,
reconoce
que a la par de su trabajo durante el día como diseñadora gráfica, desarrolló
en su proceso formativo por las noches un interés por el estudio de la
integración de medios como la televisión y la radio en la educación. Ello le
llevó luego a tomar la decisión de realizar la Maestría en Comunicación
Educativa.
Por
último, Patricia Granada[25] destacó
entre las conquistas estudiantiles en Medicina, la lucha de las cuatro primeras
generaciones del programa para lograr tener su primera sede propia tras haber
ocupado algunos salones en el Liceo Pereira, contiguo a la Tecnológicade
Pereira, y al mismo tiempo, la
defensa del enfoque social y comunitario en la formación médica de esta
facultad, el cual era visto con cierto resquemor por algunos integrantes de la
comunidad universitaria. La labor de la docente Sary
Arango Gaviria y el decano Héctor Arteaga fueron
fundamentales, en consideración de la doctora Granada, para conectar a la
facultad de medicina con la
sociedad local y desarrollar convenios OMS y la fundación Kellogg para
proyectos con financiación de cooperación internacional, teniendo como una
experiencia de gran calado, un centro de atención familiar y comunitario en el
barrio 2500 lotes de Pereira.
En suma, la experiencia estudiantil de los nuevos campos del conocimiento implantados en la UTP en los años
ochenta, que diversificaron su orientación originaria basada en la formación
técnica e ingenieril hacia una más amplia, demuestra los vaivenes, luchas y
adaptaciones para establecer un campo de formación académica que comenzaron a desarrollar
sus propios legados científicos bajo el marco normativo del decreto ley 80.
El énfasis en la
investigación y el surgimiento de los posgrados.
Al
tiempo, otro cambio significativo de la nueva década fue conformándose con la
aparición de los primeros programas de posgrado en la UTP. Seis programas de
posgrado fueron creados en esta época: las Maestrías en Administración
Económica y Financiera y, en Investigación Operativa y Estadística adscritas a
la Facultad de Ingeniería Industrial (1982), la Maestría en Sistemas
Automáticos de Producción, perteneciente a la Facultad en Ingeniería Mecánica
(1983), y por último la aparición en la Facultad de Educación de las Maestrías
en Comunicación Educativa, y Evaluación Educativa (1986-1988). Los otros dos
programas de posgrado fueron la Especialización en Sistemas de Transmisión y
Distribución de Energía Eléctrica de la Facultad de Ingeniería Eléctrica (1988),
y la Especialización en Instrumentación Física de la Facultad de Ciencias
Básicas (1990).
Estos
nuevos posgrados se convirtieron en la primera posibilidad de formación
avanzada para los profesionales de la región, de forma que no tuvieran que
desplazarse a otras regiones del país o del exterior para obtener una
cualificación superior. Además, la creación de este tipo
de
programas se convirtió en todo un reto para los cuerpos docentes que se
atrevieron a materializar este tipo de iniciativas posgraduales. A
continuación, se presenta en extenso la valoración que realiza la docente jubilada de
la Facultad de Educación, Virginia Aristizábal sobre las peripecias y el
trabajo realizado que exigió la fundación de la Maestría en Comunicación
Educativa:
Con
varios profesores de español y comunicación audiovisual, hicimos un proyecto de
creación de la Maestría en Comunicación Educativa. Les cuento que nos tocó
trabajar prácticamente con las uñas sin descarga académica durante 3 años.
Viajando en bus a la Universidad del Valle, a Armenia a la Universidad del
Quindío, a otras partes donde había facultades de comunicación. Nos
asesorábamos con el ICFES, ellos venían, nosotros íbamos para todo, desde el
desarrollo del proyecto, la puesta en marcha, el diseño de programas
curriculares, el diseño de la parte administrativa, del organigrama. Todo eso
fue una lucha terrible, nos tocó ir hasta Quito... El programa era muy
importante, primero para el desarrollo de la Universidad y de otra parte
personal, porque nosotros no podíamos irnos a estudiar a otras partes, a otras
ciudades, la mayoría éramos madres de familia, con niños pequeños, era muy difícil
conseguir comisión de estudios en la Universidad. Entonces por eso, para tener
aquí lafacilidad, y claro que también jugaba el
prestigio de la facultad y de la universidad... Para mí es uno de los mayores
legados[26].
Sin
embargo, cabe mencionar que tanto estudiantes recién egresados como docentes
universitarios de las áreas del conocimiento distintas a las ofertadas en los
seis programas mencionados anteriormente tuvieron que seguir buscando opciones
académicas en otros lugares a nivel nacional e internacional. Por ejemplo, en
la Facultad de Ciencias Básicas se ofreció en los ochenta una especialización
en instrumentación física a cargo de la Universidad de Antioquia[27],
y algunas docentes entrevistadas mencionaron sus experiencias de formación
posgradual en comisiones de estudios en universidades como la Javeriana de
Bogotá y de Illinois y Arizona en Estados Unidos.
Cabe
resaltar que, tras terminar estas comisiones de estudio, las docentes
mencionadas ampliaron su campo de acción docente al interior de la universidad
llevando a cabo distintas actividades en los nuevos posgrados ofertados y con
la vinculación con otros grupos de profesores a nivel regional para crear redes
de estudio e investigación. En el caso de la profesora Pabón, su formación
posgradual sobre estudios de población le permitió vincularse a través de sus
intereses investigativos a distintos posgrados en años subsiguientes en las
facultades de medicina, ingeniería industrial y ciencias ambientales en
seminarios sobre gerencia de sistemas de salud, demografía laboral, territorio,
ordenamiento territorial y hábitat entre otros[28].
Por su
parte, la profesora Obregón, luego de retornar de EEUU,
en compañía de los docentes Isabel Gutiérrez y Abel Pozo participaron de la
Escuela Regional de Matemáticas, 170 red académica del centro occidente colombiano en la que se
discutía sobre la enseñanza de las matemáticas con la participación de
integrantes de las universidades del Valle, del Cauca, y de Antioquia. La
participación en esta red propició la presentación de una propuesta al Consejo
Académico de la Tecnológica para modificar el currículo
de la enseñanza de la matemática, en especial, de la
realización de una prueba clasificatoria en matemática para la selección de los
estudiantes que ingresarían a las ingenierías[29].
Los años noventa: la
apertura educativa y la universidad del futuro a debate
Los cambios político-administrativos orientados por el
Estado colombiano en los años noventa respecto de la política científica del
país hicieron énfasis en la promoción de la ciencia y la tecnología como factor
de crecimiento económico. Durante la presidencia de César Gaviria su plan de
desarrollo identificó cuatro áreas para garantizar dicho proceso: ampliación
del capital humano, infraestructura física, capacidad científica y estrategia
ambiental. Estos campos de desarrollo científico fueron incorporados a su vez
en la Ley 30 de 1992 (Educación Superior) teniendo la mira puesta en
privilegiar la investigación relacionada con los sectores productivos a través
de la innovación de forma que se potenciara la relación
Universidad-Empresa-Estado[30].
Durante
esta década, al interior de la Universidad Tecnológica de Pereira se
vivieron varios procesos académicos y administrativos que fueron dando paso a
una nueva etapa universitaria, en especial a nivel docente con el desarrollo de
la reconfiguración vivida a mediados de los años ochenta mediante su reforma
orgánica. En este sentido, un acontecimiento clave fue el Paro Docente de 1991,
que terminó en la destitución del rector Gabriel Jaime Cardona por la
eliminación de unas primas salariales de los profesores. En los años
posteriores con la promulgación de la ley 30 de 1992 y el decreto 1444 de 1993,
si bien se fortaleció el componente investigativo universitario y de formación
posgradual, al mismo tiempo fue ganando relevancia a nivel docente la
contratación bajo la modalidad de catedráticos.
A su
vez, la influencia de los docentes de la UTP con formación posgradual se
revistió de una importancia significativa en los años noventa, toda vez que con
esta formación avanzada incidirán desde el ejercicio de cargos directivos
universitarios en la apertura de nuevos proyectos académicos de diversa índole,
entre los que sobresalieron la oferta ampliada de nuevos posgrados y pregrados,
el desarrollo de un proceso de planeación institucional de mayor envergadura, y
el mejoramiento de la infraestructura y de la capacidad técnica de la
universidad mediante recursos obtenidos con los proyectos BPIN.
Paro 1991. El cierre de una
época docente.
El
Paro Docente de 1991 es uno de los hechos más recordados de la historia
reciente de la Universidad Tecnológica de Pereira, y a su vez, fue indicador de
las transformaciones educativas a nivel de la educación superior en los años
por venir. Esta protesta se desencadenó a raíz de la eliminación de un régimen
prestacional y salarial de los docentes, que había sido acordado colectivamente
entre la administración de la UTP y el sindicato de profesores desde 1975.
Estas prestaciones fueron derogadas con base en el acuerdo 05 de 1981 emitido
por el Consejo de Estado, y en cuyo proceso
nunca fue notificado el estamento docente, razón por la cual no pudieron apelar
la decisión ni tener representación jurídica en
el caso[31].
La
protesta de los docentes se extendió por 45 días de julio a septiembre de 1991,
y varios estudios históricos de la UTP han recalcado la unión de profesores,
estudiantes y trabajadores de la universidad durante esta huelga[32]. Como
resultado de la misma, el presidente de la república
César Gaviria decidió remover del cargo como rector al ingeniero Cardona ynombrar en su reemplazo al ingeniero Ricardo Orozco,
además
de tramitar el pago de las primas extralegales que sumaban un valor cercano a
los 25 millones de pesos[33].
La
profesora Virginia Aristizabal recuerda de forma
extensa la participación de los docentes en el paro de este modo:
Resulta
que en el año de 1991 a nosotros como que consiguieron un testaferro y
demandaron los profesores, porque nosotros teníamos unas primas extralegales
muy buenas y nos las tumbaron, entonces, entramos a partir de ese momento en
asamblea permanente. Esa figura de asamblea permanente nos permitió que
estuviéramos más de 3 meses de junio a principios de septiembre en el hall de entrada de la universidad. Nosotros nos tomamos la
universidad, levantamos carpas, por la noche por facultades cuidábamos la universidad
y llevábamos las familias, hacíamos un sancocho, hacíamos unas crispetas, se
cerraron las oficinas, el rector no pudo volver a entrar a su oficina. Salíamos
a marchar por el centro de Pereira por
la 7°y la 8a, con pancartas por la defensa de nuestros derechos
adquiridos. Nosotros hacíamos foros con la comunidad en los barrios de Pereira,
los
empresarios, a los padres de familia, a los estudiantes, entonces tuvimos una
buena acogida. Venían del MEN a
ver si era verdad que estábamos en asamblea, y siempre nos encontraban en el hall discutiendo los problemas, buscando soluciones; en una
de esas visitas del MEN, vino un doctor de
apellido Ospina, y presentó como una solución que fue la creación del decreto
1444 de los famosos puntos. Entonces él nos mostraba como allí podíamos
recuperar mucha parte de esas prestaciones, porque había puntos por antigüedad,
por publicaciones, escalafón, creación artística, intelectual al fin y al cabo
nosotros nos sentamos y en diciembre del 91 levantamos el paro, que teníamos y
nos reintegramos a las labores. Otra solución fue la renuncia del rector en
cuestión. Y a partir de eso, ya ingresó otro rector que fue Ricardo Orozco
Restrepo
y ya se normalizó la universidad[34].
Este
sistema de incentivos salariales, estructurado y regido por el decreto 1444,
fue una de las características que marcó el inicio de una nueva etapa docente
en la universidad colombiana, que se planteaba alcanzar la eficiencia y la
calidad académica. Esta normativa fue pensada y planeada para alcanzar la
ampliación de la cobertura, el control de la inversión estatal y la
articulación de la enseñanza de la educación superior con la investigación,
aunque esta normativa no contemplaba estímulos docentes a actividades distintas
al desarrollo de proyectos investigativos.
Otro
cambio significativo ocurrido a nivel de docencia universitaria estuvo referido
con las modalidades de contratación de la planta docente. A lo largo de la
década de los noventa, si bien esta se amplió en términos de profesores de
tiempo completo, también fue ganando, al mismo tiempo, preponderancia la figura
del docente catedrático. En el año de 1990, la universidad contaba con 428
profesores divididos en 276 de tiempo completo (titulares, asociados,
asistentes y auxiliares, 61 de medio tiempo y 90 catedráticos. A mitad de este
periodo, en 1994, el número total de docentes ascendió a 523 distribuidos en
302 de tiempo completo, 46 de medio tiempo y 175 catedráticos. Ya al final de
esta década, la cifra docente alcanzó los 614 docentes repartido en 345 de
planta, 124 transitorios y 145 en la modalidad de cátedra[35].
La ampliación de la oferta
académica a nuevas áreas del saber.
Cabe
señalar, que esta transformación de la labor docente, con sus cambios
salariales y de modalidades de contratación, estuvo compaginado con la
ampliación de la oferta académica, que se orientó a nuevos campos científicos y
disciplinares, al aprovechar la formación posgradual de un grupo de docentes
para darle vida a estos nuevos programas académicos. En el mismo sentido, en
este periodo se vivió un proceso de reorganización de los saberes al interior
de la universidad, intensificado con la
creación de la Facultad de Ciencias Ambientales y la llegada de nuevos
programas de pregrado entre los cuales destacaron Licenciatura
en
Filosofía y Cultura, Administración del Medio
Ambiente, Ciencias de la Computación, Ciencias del Deporte y la Recreación, y
las Licenciaturas en Etnoeducación y Educación Infantil[36].
Las
recién creadas apuestas académicas ampliaron el espectro disciplinar de
formación disponible para los bachilleres egresados en esta época. De esta
forma, la UTP tuvo a partir de ese momento un carácter multidisciplinar que iba
más allá de su identidad original basada en la formación ingenieril para el
desarrollo industrial de la región, poniéndose a tono con nuevos campos
académicos que fueron priorizados por las facultades como áreas necesarias en
las cuales incidir en la sociedad regional ante la apertura de
una expectativa hacia una apertura económica global. Estos cambios estuvieron
marcados por un contexto nacional que vivía una transformación política
profunda ocurrida con la Asamblea Nacional Constituyente y la promulgación de
una nueva carta magna, la Constitución Política 1991, que, a su vez, dio paso a
una nueva legislación en distintos ámbitos, por ejemplo, en Salud y Educación
con la expedición de la Ley 100/1993 y la Ley 115/1994 respectivamente.
Por
ejemplo, la apertura de la Licenciatura en Etnoeducación, descrito por la
profesora Morelia Pabón, reveló que los
estamentos docente y administrativo de la UTP observaron una planeación con
miras a la creación de nuevas unidades que estuvieran acordes con
las
“realidades” regionales. En este su caso, esta docente en conjunto con otros
profesores de la Escuela de Ciencias Sociales como Carlos Escobar, Gildardo
Rivera y Ramiro Bravo, empezaron a
imaginarse un programa de formación de educadores que se ajustara
a
estos intereses. La preocupación de este grupo de docentes, que tuvieron como
base el trabajo de campo realizado con el Plan Extramuros en diversos
municipios del centro occidente colombiano, se encaminó a atender unas áreas
educativas con unas necesidades particulares de la región, tomando el enfoque
de Orlando Fals Borda sobre cómo constituir la nación colombiana dando cabida a
“los saberes de los ancestros indígenas, de las comunidades afro y de los
campesinos y de ese mestizaje e hibridaje que se da en nuestra cultura”[37].
En
sus palabras, la profesora Pabón rememora esta experiencia de la siguiente
forma:
Nosotros
decíamos el problema al acceso a la educación, no es solamente el acceso en las
grandes ciudades, sino que Colombia es un país de regiones, es la coyuntura de
la constitución del 91. Se ha reconocido que Colombia es un país de ciudades,
estamos asumiendo el estudio del ordenamiento territorial y la diferenciación
regional, en ese sabático sobre ordenamiento territorial tuve la oportunidad de
trabajar con el profesor Orlando Fals Borda, que estuvo asesorando todo el
proceso de las ecorregiones y como yo estaba haciendo mi sabático ahí, pues
quedo muy bien publicado por él en una revista de Ordenamiento Territorial,
sobre qué era la región del eje cafetero que era eso que se estaba consolidando
aquí[38].
El primer Plan de desarrollo
institucional y los proyectos BPIN.
Tras
la crisis con la situación prestacional de los profesores en el paro de 1991, un
conjunto de situaciones a nivel nacional y regional se conjugaron para que se
hiciera pertinente asumir al interior de la universidad un proceso de
autorreflexión de la prospección de sus funciones misionales de cara al futuro.
En primer lugar, la misión de sabios convocada por el presidente César Gaviria
en 1993 en su informe final había recomendado emprender un enfoque integrado
entre ciencia, educación y desarrollo tecnológico[39].
Y, al mismo tiempo, en el departamento de Risaralda se compartía esta
preocupación, y fue así como el plan de desarrollo propuesto por el gobernador
Roberto Gálvez Montealegre indicaba que la economía regional debía apuntar al
modelo de apertura planetario vivido en estos años, y
por lo tanto, se estipuló hacer de Risaralda un departamento tecnológico
destinándose recursos del presupuesto de inversión para desarrollar la
capacidad científica risaraldense[40].
El gobierno departamental de Montealegre destinó recursos a las universidades
regionales para que llevaran a cabo sus primeros planes de desarrollo[41].
Este
contexto se conjugó con un aspecto de vital importancia en la vida
universitaria y que ha tenido un gran impacto desde entonces en el desarrollo
de las actividades académicas de los programas de pregrado y posgrado,
relacionado con el establecimiento del Sistema Nacional de Acreditación como
mecanismo para garantizar la calidad educativa a través de procedimientos de
autoevaluación institucional. En esta tónica fue fundamental la participación
del profesorado de la UTP en aras de la construcción del primer plan de
desarrollo que tuvo como figuras protagónicas a las docentes Morelia
Pabón
y Gladys Rodríguez[42].
No sobra recordar que durante los años noventa la rectoría fue ocupada por un
grupo de docentes universitarios entre los que figuraron personajes como
Ricardo Orozco, Javier Arroyave y Carlos
Alberto Ossa quienes continuaron acoplando el funcionamiento administrativo de
la universidad a las nuevas exigencias legales estipuladas por las normativas a
nivel nacional.
De
este proceso institucional la profesora Morelia
Pabón
recuerdo lo siguiente:
Creo
que fui reiterativa y cansona e incisiva en algunas asambleas, dije que la
universidad tenía que consultar esa realidad y responder con compromiso y hacer
una consulta participativa porque acababa de
hacer ese ejercicio de planeación prospectiva y participativa... Ese
plan de desarrollo institucional que lo hicimos en 1994, hicimos toda una
metodología, es el trabajo de muchas personas, de un equipo, es un trabajo
colectivo. Lo interesante que fue, que otras personas también tenían esa
identidad de intereses, de utopías, de quimeras de hacer de la UTP una
universidad pública grande, que no fuera concebida como una universidad de
provincia y tal, sino que dijimos la Universidad tiene que ser una universidad
que responda a las necesidades regionales, y con esa visión nos organizamos un
grupo bien interesante, interdisciplinario, de profesores y personal
administrativo[43].
Durante
el proceso se estableció una metodología participativa realizando
talleres en cada una de las Facultades, departamentos y áreas de trabajo, con
la intervención de todos los estamentos universitarios (administrativos,
docentes, estudiantes y trabajadores) para debatir cual era la universidad del
futuro. De los diálogos se establecieron como principios del plan, elevar el
nivel de calidad educativa mediante un proceso de revisión de los currículos de
los programas académicos, desarrollar un proceso de formación académica para
que los docentes lograran su titulación doctoral y el fomento a la
investigación en líneas de trabajo relacionadas con las necesidades del
entorno.
Los
fundamentos delineados en el primer plan de desarrollo institucional de la UTP
en 1994 se consolidaron a través de mejoras sustanciales en la infraestructura
y la capacidad técnica de la universidad. Este avance se materializó gracias a
la participación en convocatorias BPIN, lideradas por
un diverso grupo de docentes, que resultaron en la obtención de recursos para
la creación de múltiples laboratorios y la implementación de una red de
internet.
La
incorporación de estas nuevas unidades no solo influyó positivamente en el
aumento del presupuesto, sino que también generó recursos propios para
financiar las operaciones de la universidad. Ejemplos palpables de este
progreso incluyen la construcción de un nuevo edificio, la notable mejora de la
biblioteca Jorge Roa Martínez, el establecimiento de laboratorios
especializados en Química, Aguas, y Biología Molecular y Biotecnología, además
de la creación del Centro de Recursos Informáticos.[44]
A
pesar de que el tema de las reformas educativas es recurrente cuando se aborda
el estudio de la universidad o el movimiento estudiantil y profesoral, pocas
veces se alude a la manera como se tramitaron estas modificaciones en el ámbito
regional, y menos, a tener laposibilidad de
adentrarse en las vivencias académicas que sobre dichos procesos tuvieron
directivos, docentes y estudiantes universitarios. De allí que se considere la
pertinencia de estas reflexiones como parte de las aristas que siguen estando
vigentes y urgidas de investigación en el campo educativo.
Este
artículo centró su atención en la manera en la que fueron asumidos los cambios
a nivel administrativo y curricular que
suscitó la promulgación del Decreto ley 80 de 1980, que además fue la manera en
que ingresó, aunque tímidamente, el neoliberalismo en la educación superior,
por obedecer los mandatos de organismos extranjeros como el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), Banco
Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que
más adelante, en el año 1992, darían su estocada final en lo que es hoy la Ley
30, que rige la educación superior en Colombia. Sin duda, esta legislación
reorganizó el sistema universitario estatal, avanzó en la incorporación de
debates que habían sido parte de las luchas estudiantiles de los años setenta,
respecto al cogobierno universitario, el bienestar estudiantil, la financiación
y la autonomía universitaria. Sin embargo, estos
aspectos tuvieron un tratamiento que no necesariamente obedeció al
planteamiento de la comunidad universitaria, asunto que vale la pena mencionar,
aunque no de manera profunda.
No
obstante, es relevante subrayar que, en
el marco normativo establecido, este período se distingue por la expansión de
la oferta académica de pregrados y el surgimiento de los primeros programas de
posgrado en la ciudad de Pereira. La
intención fundamental de estos programas era incorporar a la misión de la
universidad la generación de nuevo conocimiento a través de la investigación y
su posterior difusión en la sociedad mediante actividades de extensión.
Esta
transformación tuvo un impacto considerable al permitir a docentes y egresados
de la UTP forjar trayectorias académicas dentro de la institución. Este impacto
no solo se manifestó en el avance de las capacidades docentes, sino que también
se tradujo en mejoras sustanciales en la infraestructura y la capacidad de
formación profesional en este destacado centro de educación superior.
Esta
reconfiguración de saberes en la UTP también permitió que, bajo el liderazgo
del grupo profesoral, la universidad tuviera un debate abierto en un ejercicio
de prospección al construir su primer plan de desarrollo institucional, y se
diera un ejercicio de reflexión ante un panorama en el que se imponían a nivel
nacional y latinoamericano nuevos principios educativos como
la eficiencia presupuestal y la innovación tecnológica. Sobresale en esta
medida, un aumento moderado de la matrícula estudiantil, de la planta docente
de tiempo completo y de generación de recursos económicos propios por la oferta
de servicios institucionales en los años noventa como antesala a la
transformación radical que vendría en el nuevo milenio en el que se
profundizaría el modelo neoliberal a nivel universitario.
Finalmente,
conocer la manera en la que se incorporan la investigación, la apertura de
programas de posgrado en la universidad, desde la perspectiva de una
universidad regional, resulta de interés en la medida que aporta al
entendimiento de la configuración de estos centros de estudio como entidades de
gran importancia para el desarrollo económico y social de las regiones, y el
paso adelante hacia la descentralización en la formación de profesionales que
hasta entrados los años sesenta estuvo concentrada en el la capital del país o
en universidades extranjeras. Es igualmente, relevante señalar la riqueza que acompañala memoria en estos procesos de investigación,
puesto que la documentación oficial de las instituciones no ofrece la visión de
todo el panorama educativo, en especial, del ambiente político y social de la
época.
Natalia Agudelo Castañeda: investigación,
conceptualización, investigación, metodología, vi- sualización,
supervisión, escritura (borrador original), escritura (revisión del borrador y
revisión/ corrección), escritura (borrador original); Jhon
Jaime Correa Ramírez: investigación, recursos, escritura (borrador original). Edwin Mauricio López García: investigación,
metodología, escritura (borrador original), escritura (revisión del borrador y
revisión/corrección).
Sin
financiación
Los
autores declaran que no tienen conflictos de interés.
Los
autores declaran que este articulo no tiene implicaciones éticas en la
escritura o publicación.
Consejo
Académico UTP. Acuerdos 1984-1999.
Consejo
Superior UTP. Acuerdos 1984-1999.
Universidad
Tecnológica de Pereira. Boletín estadístico UTP 1991, 1993, 1999. Pereira: UTP.
El Tiempo
[Bogotá].
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integración social (1978-1982) - Julio César Turbay, Capítulo IX, La nueva
política social. Acceso el 10 de agosto de 2022, https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/PND/Turbay_Polits_Programas_So-
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Gabriel
Jaime Cardona (ingeniero mecánico y exrector UTP), en conversación con los
autores, 11 de marzo de 2020.
Gloria
Obregón de Mora (licenciada en Matemáticas de la Universidad Pedagógica
Nacional y docente jubilada de la Facultad de Ciencias Básicas UTP), en
conversación con los autores, 27 de agosto de 2020.
María
Teresa de la Cuesta (docente jubilada y exdecana de la Facultad de Bellas Artes
y Humanidades), en conversación con los autores, 3 de marzo de 2020.
Morelia
Pabón Patiño (docente jubilada de la Facultad de Ciencias
de la Educación UTP), en conversación con los autores, 12 de agosto de 2020.
Reinaldo
Marín Betancourt (tecnólogo químico,
licenciado en Educación UTP y decano de la Facultad de Tecnologías UTP), en
conversación con los autores, 17 de abril de 2020.
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Cómo citar este artículo: Agudelo Castañeda, Natalia y Correa Ramírez, Jhon Jaime y López García, Edwin Mauricio. “Reconfiguración
de saberes: Vivencia académica de las reformas universitarias en la UTP
1980-1994” Revista Historia de la Educación Latinoamericana vol.25 no.41
(2023).
[1] Licenciada en
Comunicación e Informática Educativa y Magíster en Historia de la Universidad
Tecnológica de Pereira;
estudiante del
Doctorado en Historia de la Universidad Industrial de Santander, natalia2228105@correo.uis.edu.co
[2] Profesor titular de
la Universidad Tecnológica de Pereira, Historiador de la Universidad de
Antioquia; Magíster en Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia
y Doctor en Ciencias de la Educación- RUDE Colombia, jjcor- rea@utp.edu.co
[3] Licenciado en
Etnoeducación y Desarrollo Comunitario y Magíster (c) en Historia de la
Universidad Tecnológica de Pereira, elopgar86@utp.edu.co
[4] Este artículo es producto del proyecto de
investigación: "UTP 60 años en la construcción de legados entre saberes,
sociedad y territorio", código 4-20-6, adscrito a la Vicerrectoría de
Investigaciones, Innovación y Extensión de la UTP.
[5] Augusto Franco Arbeláez, "La reforma universitaria
colombiana de 1980", Revista
Colombiana de Educación, n.0 5 (1980). https://doi.org/10.17227/01203916.5023.
[6] Álvaro Acevedo Tarazona,
"Educación, Reformas y movimientos universitarios en Colombia: Apuestas y
Frustraciones por un proyecto modernizador en el siglo XX", Revista de Estudios
Sociales, n.0 53 (2015), https://doi.org/10.7440/res53.2015.08.
[7] Jhon Jaime Correa Ramírez, Natalia Agudelo Castañeda y Christian
Javier
Niño, Facultad
de Ciencias de la Educación: 50 años en la construcción de un proyecto
educativo para una nueva región, (Pereira:
Editorial
Universidad Tecnológica de Pereira, 2018), 44.
[8] Rudolph Atcon, "La
universidad latinoamericana: clave para un enfoque conjunto del desarrollo
coordinado social, económico y educativo en América Latina", Revista Eco,
VII (1963) <http://www.scribd.com/full/52353452?access_
key=key-1 wyqusat9kylnm8x2y34>.
[9] Carlos Tünnennann, "La reforma
universitaria de Córdoba", Educación Superior y Sociedad,
n.0 1 (1998): 103-127.
[10] Rudolph Atcon,
"La universidad latinoamericana: clave para un enfoque conjunto del
desarrollo coordinado social, económico y educativo en la América Latina".
[11] Departamento Nacional de Planeación, Plan de integración social (1978-1982) -
Julio César Turbay, Capítulo IX, La nueva política social
(Bogotá: Departamento Nacional de Planeación, 1978). https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/PND/Tur-
bay_Polits_Programas_Sociales.pdf (10
de agosto de 2022).
[12] José Fernando Ocampo, Reforma Universitaria 1960- 1980
(Bogotá: Centro de Investigación y educación popular CINEP 1979), 4.
[13] Departamento Nacional de Planeación, Cambio con equidad:
plan de desarrollo 1983-1986 (Bogotá: Departamento de Planeación,
1983), 44.
[14] Decreto No. 80 del 22 de enero de 1980. Por el cual se organiza el
sistema de educación post-secundaria, en: Diario Oficial, No. 35465, 26
de febrero de 1980, pp. 633-638.
[15] Diana Soto Arango, "Aproximación
histórica a la universidad colombiana", Revista Historia de la Educación Latinoamericana,
n.° 7 (2005): 99-136.
[16] Jhon Wilson Osorio y
Jorge Ossa Londoño, "Notas para la historia de la universidad colombiana,
al cierre del siglo XX", Uni-Pluriversidad Vol. 1, n.0 2
(2012): 12. https://doi.org/10.17533/udea.unipluri.12247.
[17] Jhon Wilson Osorio y
Jorge Ossa Londoño, "Notas para la historia de la universidad colombiana,
al cierre del siglo XX", Uni-Pluriversidad Vol 1, n.0 2
(2012): 13. https://doi.org/10.17533/udea.unipluri.12247.
[18] Jhon Wilson Osorio y
Jorge Ossa Londoño, "Notas para la historia de la universidad colombiana,
al cierre del siglo XX", Uni-Pluriversidad Vol. 1, n.0 2
(2012): 12. https://doi.org/10.17533/udea.unipluri.12247.
[19] Entrevista a Cardona, Gabriel Jaime, Pereira, 11
de marzo de 2020.
[20] Entrevista a Cardona, Gabriel Jaime, Pereira, 11
de marzo de 2020.
[21] Entrevista a Obregón de Mora, Gloria, Pereira, 27 de agosto de 2020.
[22] Entrevista a de la Cuesta, María Teresa, Pereira,
3
de marzo de 2020.
[23] Entrevista a Marín, Reinaldo, Pereira,
17
de abril de 2020.
[24] Entrevista a Calle, Margarita, Pereira,
20
de abril de 2020.
[25] Entrevista a Granada, Patricia, Pereira,
18
de septiembre de 2020.
[26]
Entrevista a Aristizábal, Virginia, Pereira, 7 de octubre de 2020.
[27]
Entrevista a Marín, Reinaldo, Pereira, 17 de abril de 2020.
[28]
Entrevista a Pabón, Morelia, Pereira, 12
de agosto de 2020.
[29] Entrevista a Obregón de Mora, Gloria, Pereira,
27 de agosto de 2020.
[30] Clara Guzmán Aguilera, "La política
científica colombiana desde 1990. Análisis en los planes de Desarrollo" Cultura, Educación y
Sociedad Vol. 10, n.0 1 (2019): 149-166. DOI:
http://dx.doi.org/10.17981/cultedusoc.10.1.2019.10
[31] Jhon Jaime Correa Ramírez, Anderson
Paul Gil Pérez y Adriana Delgado Caicedo, «Movilización y
protesta estudiantil y profesoral en la Universidad Tecnológica de Pereira
(UTP),
1961-2011» en: ¡A estudiar, a luchar! Movimientos estudiantiles en Colombia y
México: siglos XIX y XX, coord. Álvaro Acevedo
Tarazona,
Sergio Sánchez Parra y Gabriel Samacá Alonso (Culiacán: Universidad Autónoma de
Sinaloa, 2014): 231-245.
[32] Jhon Jaime Correa Ramírez, Natalia Agudelo Castañeda y Christian
Javier
Niño, Facultad
de Ciencias de la Educación: 50 años en la construcción de un proyecto
educativo para una nueva región (Pereira:
Editorial
Universidad Tecnológica de Pereira, 2018).
[33] Anónimo, «Levantan paro en la UTP», El Tiempo, Bogotá, 4 de
septiembre de 1991.
[34] Entrevista a Aristizábal, Virginia, Pereira,
7
de octubre de 2020.
[35] Oficina de Planeación UTP Boletín estadístico
1991 (Pereira: Editorial Universidad
Tecnológica de Pereira, 1992); Oficina de
Planeación y Unidad de Información y Estadística, Boletín estadístico 2000 (Pereira:
Editorial
Universidad Tecnológica de Pereira, 2001).
[36] Los programas propuestos estarían adscritos a
las Facultades de Bellas Artes y Humanidades, Ciencias de la Educación, y
Ciencias de la Salud, según lo establecido en los Acuerdos 29/1988 del 25 de
octubre y 18/1989 del 19 de junio del Consejo Superior-UTP. A
mediados de la década, se contempló la posibilidad de crear otros pregrados
que, desafortunadamente, no se llevaron a cabo en ese periodo. Entre estos
proyectos se incluyen Etnoeducación y Desarrollo Humano, Hidro-Climatología,
Educación Física y Recreación, Tecnología en Alimentos, Tecnología Electrónica,
Ingeniería de Control, Ciencias de la
Computación y Bioingeniería.
[37] Entrevista a Pabón, Morelia,
Pereira, 12 de agosto de 2020.
[38] Entrevista a Pabón, Morelia,
Pereira, 12 de agosto de 2020.
[39]
Eduardo Aldana Valdés et al., Colombia: al filo de la oportunidad. Misión
Ciencia, Educación y Desarrollo. Tomo I. (Bogotá: Tercer Mundo
Editores - Colciencias - Presidencia de la República de Colombia, 1996), 29.
[40]
Mario Alberto Gaviria Ríos, La política y el desarrollo regional, el caso de
Risaralda a partir del proceso de descentralización, Revista Gestión y
Región, 4 (2007): 78-79.
[41] Entrevista a Pabón, Morelia,
Pereira, 12 de agosto de 2020.
[42] Entrevista a Pabón, Morelia,
Pereira, 12 de agosto de 2020. La
entrevistada recordó que el núcleo fundamental de esta experiencia de
planeación participativa lo conformaron los
profesores Carlos Arturo Botero, Gloria Obregón, Gustavo Arango,
María
Teresa Zapata, entre otros.
[43] Entrevista a Pabón, Morelia,
Pereira, 12 de agosto de 2020.
[44] Entrevistas a Marín, Reinaldo, Pereira,
17 de abril de 2020; Pabón, Morelia,
Pereira, 12 de agosto de 2020;
Obregón de Mora, Gloria, Pereira, 27 de agosto de 2020; Aristizábal, Virginia, Pereira,
7 de octubre de 2020.