https://doi.org/10.19053/01227238.17059
Artículo de Investigación
Intercambios
epistolares inéditosentre Deodoro Roca y Octavio Pinto
Unpublished epistolary
exchanges between Deodoro Roca and
Octavio Pinto
Trocas epistolares
inéditas entre Deodoro Roca e Octavio Pinto
Esmeralda Gaiteri[1]* https://orcid.org/0000-0003-4044-3685
*Centro de Investigaciones
Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina
Resumen
Objetivo: Analizar
cartas inéditas de Octavio Pinto a Deodoro Roca durante el año 1917.
Originalidad: Dar
a conocer correspondencia desconocida hasta el
momento de una personalidad tan importante como Octavio Pinto hacia Deodoro
Roca. Ambos, figuras claves que contribuyeron tanto en el campo artistico como politico durante
la primera mitad del siglo XX en Argentina.
Método: es
una investigación de índole cualitativa. A través de la hermenéutica se realizó
el análisis del contenido de las cartas.
Estrategias
de recolección de información: las cartas fueron fuente de información para comprender
las matrices ideológicas sobre aspectos privados o cotidianos de figuras
importantes como Octavio Pinto a Deodoro Roca.
Conclusiones: La
principal conclusión del trabajo es que las cartas analizadas confirman el
vínculo amistoso entre Pinto y Roca y sus preocupaciones compartidas sobre el
arte y la educación. Ambos marcaron un camino distinto sobre cómo se venía
pensando el nacionalismo de la sociedad argentina.
Palabras clave: Deodoro Roca; Octavio Pinto; cartas privadas;
Reforma 1918.
Abstract
Objective: Analyze
unpublished letters from Octavio Pinto addressed to Deodoro Roca during the year 1917.
Originality: To
reveal previously unknown correspondence from a personality as important as Octavio
Pinto to Deodoro Roca. Both are key figures who contributed to the artistic and
political fields during the first half of the 20th century in Argentina.
Method: it
is a qualitative research. Through hermeneutics,
content analysis of the letters was carried out.
Strategies/ Data Collection:
the letters were the source of information to understand ideological matrices
on private or everyday aspects of important figures such as Octavio Pinto and
Deodoro Roca.
Conclusions: The
main conclusion after the analysis is that the letters confirm the friendly
bond between Pinto and Roca and their shared concerns about art and education.
Both spotted a different direction regarding how nationalism in Argentine
society had been thought.
Keywords:
Deodoro Roca; Octavio Pinto; private letters; 1918 reform.
Resumo
Objetivo: Analisar cartas inéditas de Octavio Pinto a Deodoro Roca durante o ano de 1917.
Originalidade/contribuição: Dar
a conhecer correspondencia até então desconhecida de uma
personalidade tão importante como Octavio Pinto a Deodoro Roca. Ambos, figuras-chave que contribuíram tanto no campo artístico como no político
durante a primeira metade do século XX na Argentina.
Método:
trata-se de uma pesquisa qualitativa. O conteúdo das cartas foi analisado
através da hermenêutica.
Estratégias/coleta de dados: as cartas foram uma fonte de informação para compreender
as matrizes ideológicas sobre aspectos privados ou quotidianos de figuras
importantes como Octavio Pinto e Deodoro Roca.
Conclusões: A principal conclusão do artigo é que as cartas analisadas
confirmam a ligação de amizade entre Pinto e Roca e as suas preocupações comuns
sobre arte e educação. Ambos marcaram um caminho diferente na forma como o
nacionalismo da sociedade argentina estava a ser pensado.
Palavras-chave:
Deodoro Roca; Octavio Pinto;
cartas privadas; Reforma 1918.
Recibido:
04/05/2023
Evaluado:
26/05/2023
Aprobado: 19/07/2023
El
objetivo de este artículo es presentar cartas
inéditas de Octavio Pinto a Deodoro Roca,
dos personalidades importantes de la primera mitad del
siglo XX para el arte y la política
de A Córdoba, Argentina. Para ello, se describió en primera instancia a Octavio
Pinto y sus obras.
Luego,
se explica el concepto de carta y se presentan las correspondencias
desconocidas hasta hoy Po último, se expone una reseña de Roca, la traducción
de las cartas y también el contexto para entender la amistad entre estos dos
intelectuales que, de cierta manera, cruzan sus caminos e influyen en el campo educativo-político
y
artístico argentino.
Octavio
Pinto nació el 26 de noviembre de 1890 en Villa General Mitre-Córdoba, que
actualmente se llama Villa del Totoral. Es un municipio que está ubicado a 84
kilómetros al norte de la Ciudad de Córdoba, cuna de
importantes escritores, pintores y poetas, y residencia e inspiración de
personalidades reconocidas como Pablo Neruda y
Rafael Alberti. Totoral tiene la
particularidad de que fue parte del recorrido del Antiguo Camino Real al Alto
Perú durante la etapa colonial, una ruta que funcionaba como vía de
comunicación y de transporte o comercio entre el Virreinato del Río de la Plata
y el Alto Perú[2].
Pinto
es hijo de Adelina Cires, bisnieta de Jerónimo Luis
de Cabrera[3], y de José
Pinto. Su influencia a muy temprana edad fue su tía Benjamina, pintora y poeta,
y su primera maestra. Realiza la primaria como pupilo en la Escuela Santo Tomás
de Aquino de los Padres Escolapios en
Córdoba y luego ingresa también como pupilo en el Colegio de la Inmaculada de
la ciudad de Santa Fe. Allí estaba Amadeo Deprete,
quien lo incentivó “en el misterio de las proporciones y de la mesura francesa,
con certeras críticas a mis dibujos insubordinados y su miedoso manipuleo a las
medias tintas, en los cartones que acuarelaba bajo su
patrocinio”, según Adela[4], hermana de
Pinto.
En
1909 se ubica en la ciudad de Córdoba para estudiar abogacía, que finaliza en
1916 y nunca ejerció. Asimismo, desarrolló su carrera como diplomático que le
permitió viajar por varios países como Japón, Brasil, Uruguay,
entre
otros. En esos viajes demostraba sus capacidades tanto de pintor como de poeta.
En 1910 expuso por primera vez, con veinte
años de edad, en Montevideo.
Por
otra parte, el taller de Honorio Mossi[5], un pintor
italiano que daba clases particulares, fue clave en
los inicios de Octavio Pinto. En la biografía de Octavio Pinto, expresa:
Al
volver de Santa Fe, terminado el bachillerato, recibí en Córdoba los consejos
artísticos de un pintor, que casualmente era también maestro de Butler:
Don
Honorio Mossi, hombre de una bondad inmensa, y él fue
el que decidió, con su entusiasmo por mis progresos, mi carrera de pintor: Su
invariable cariño me es hoy disputado por el propio Butler,
quien
como yo, resultaría pintor de técnica moderna contra las ilusiones de Mossi, adicto a los reales cánones de la Academia de Milán
(sic) donde había sido cofrade de Grosso, el
pintor de la reina Margarita[6].
Esto
indica un cierto distanciamiento respecto a la pintura académica
de Mossi en pos de un arte
moderno. Tanto Fray Guillermo Butler como el propio Pinto comenzaron a pintar
al aire libre buscando una identidad nacional. En ese momento,
se
discutía entre los artistas sobre cómo representar en las obras la nacionalidad
argentina y sus realidades tan diversas a lo largo y ancho del país[7]. En
definitiva, se trataba de una búsqueda intelectualque
entrecruza el arte con lo político-social y, a su vez, con lo
estético-cultural, para expresar así los valores de una identidad argentina, y
hasta se podría decir americana, en las obras. Una identidad que no era añorada, era vivida. Por eso, Pinto comienza a desarrollar
una “pincelada corta, matérica, visible, y la mirada atenta a los contrastes
cromáticos en relación con los cambios de luz percibidos sobre la naturaleza y
la arquitectura, relegaban el dibujo en pos de la
atmósfera y los efectos de color”[8].
A
principios del siglo XX, el paisajismo se consagraba como género y se empezaba
a dejar de lado el retrato y las pinturas religiosas. De esta manera, los
artistas podían experimentar con otros colores, otras formas e interesarse por
lo local y los valores colectivos de la sociedad. En 1925, Guillermo Butler
recibió
un premio de pintura en el Salón Nacional por un paisaje de las sierras de
Córdoba, acto que se considera fundamental para el arte y su alejamiento del
academicismo. En 1921, Pinto decía lo siguiente:
Sigo
creyendo que nuestro país necesita como nunca artistas capaces de crear los
tipos de belleza nativa y darnos efectivamente el goce cabal de la patria. (...) No
es esta la hora de elegir los posibles caminos: si el de la selva, si el de la
montaña, si el que bordea el mar (...)
Aquí está el árbol que pintaremos porque nos dio su sombra en la niñez; aquí la
sierra con su sendero abierto por nuestro paso, aquí, en una palabra, el
paisaje que debemos perpetuar, porque además de bello, nos es bien querido. A
nosotros nos está encomendada la tarea, nosotros hemos de plasmar la verdadera
fisonomía de la patria y el mundo algún día ha de admirarla de pie, embellecida
por nuestros afanes, la frente valerosa, la mirada límpida, levantada hasta el
horizonte, llamando a las gentes de buena voluntad no a apesadumbrarse con el
oro, antes bien a enriquecerse en la comunión de la belleza[9].
En
1913, la obra El
cerro calvo de Pinto había sido adquirida
por el Museo de Buenos Aires. Allí comienza su reconocimiento en el ámbito nacional,
ya
que años más tarde recibe un Premio Estímulo por parte del Salón de Buenos
Aires. En 1915 logra imponerse internacionalmente, gracias a un premio que
recibe por su obra La fuente ciega, óleo sobre
tela de 67 por 85 centímetros pintado en el parque de Las Heras
de
Córdoba. Sus amigos le hicieron un presente el 24 de julio que dice: “En honor
de Octavio Pinto. Sus amigos. Con motivo de la adjudicación de medalla de oro
en el concurso de Bellas Artes de la exposición de San Francisco de California”.
Firman: Monseñor Pablo Cabrera,
Arturo Capdevila, Benjamín Palacio, Ricardo Casterán,
Pedro Centanaro, Juan Dussout,
R. Moyano López, Deodoro Roca, Ernesto Gavier, Telasco Castellanos, Pinto Escalier, Diógenes
Ruiz, Carlos
E. Pinto, Arturo
Orgaz, Raúl A. Orgaz,
Ernesto Riccio, Carlos Camilloni, Francisco Vecchioli, Manuel Alberto Pinto,
Santiago Beltrán, Arturo A.
Trigueros, Vicente Rossi, Roberto J. Torres, Rafael Bonet, Saúl Alejandro Taborda, Óscar Medina, y algunos otros cuyas
firmas no son legibles[10].
En
su gran mayoría, fueron personajes claves para la historia de Córdoba. Esto da
cuenta de que Pinto no solo tenía una relación cercana, sino que también
pertenecía al círculo intelectual cordobés de la primera mitad del siglo XX.
Cabe
señalar que, además de sus grandes pinturas expuestas en los salones, Pinto
realizó algunas ilustraciones. Se destacan principalmente las elaboradas para
el libro Poema
de Nenúfar de Arturo Capdevila en 1915.
En
1916 expone en el Salón de Córdoba la obra Numen
tutelar de Ongay[11], óleo sobre
tela de 154 por 120 centímetros, y si bien no ganó el primer
premio es felicitado por el público y obtiene buenas críticas. Esta obra
representa el paisaje de un lugar de las sierras cordobesas llamado Ongamira, que se destaca por sus cerros rojizos y sus
extensos campos que dan la sensación de inmensidad. Clementina Zablosky analiza que se trata de un:
Fuente: Arte de la Argentina
Figura 1. Octavio Pinto. “Numen
tutelar de Ongay". 1910.
Entorno
accidentado y luminoso, la copa de un sauce y los techos de un caserío del
lugar aparecen en sombras. El contraste violento de los tonos naranja y rojo-violeta
que estructuran el macizo central, como el contraste entre éstos y los tonos
verdes, saturados, de la vegetación, se compensa con los valores medios del
cielo y la escala baja de la zona en sombra. Las nubes invaden el espacio del
cerro y limitan su protagonismo[12].
Ese
mismo año consigue una beca de formación por parte del Gobierno de Córdoba,
para que pueda viajar a Europa el 3 de enero de 1917 con la promesa de enviar
una obra por año. Más adelante, detallaremos sobre este viaje, ya que coincide
con la fecha de las cartas encontradas.
Antes
de irse pinta la conocida obra Iglesita azul, que representa
la capilla de Candonga[13] en
distintos horarios del día en ocho cuadros.
La
parte de arriba del cuadro es el cerro donde él se instalaba para dibujar. El
marco resulta ser un espejo que tenía en la casa. Actualmente, se encuentra
exhibido en el Museo Octavio Pinto de Villa del Totoral, Córdoba.
Fuente: Museo Octavio Pinto.
Figura 2. Octavio Pinto. La iglesita azul.
1915.
Además
de ser pintor, abogado y diplomático, tenía buena pluma para los poemas; entre
1909 y 1913 publica los siguientes: La flor de la hiedra, Romances del amor, de
las rosas y de las estrellas, Exhortaciones, Las sombras del palacio
y El
libro prometido. Incluso en 1923 gana el primer premio en el
concurso “Amigos del Arte” con el libro Las
abejas ciegas. Años después, lo edita y presenta en el Círculo de
la Prensa como Paisaje
de los argentinos. Además, junto al escritor Juan Aymerich,
dirigió La
Quincena Literaria, un suplemento impartido por el diario La
Voz del Interior, que trataba sobre la literatura y el arte.
Entre
1917 y 1921 pinta paisajes urbanos típicos de Europa y utiliza técnicas como la
carbonilla, grafito, lápices y algunas aguadas. En su estadía conoce figuras
importantes como Miguel de Unamuno, Amado
Nervo,
Santiago
Rusiño, entre otros. Antes de terminar su beca,
fallece su madre, por ello se vuelve a Argentina y realiza algunas exposiciones
tanto en su provincia natal como en Buenos Aires, Rosario, entre otras,
presentando 27 obras con el título Paisajes de Baleares.
En
1927 se casa con Edith Palacios en Buenos Aires,
con
quien tiene dos hijos, Enrique José Nikko y Alicia.
En 1928 obtiene el cargo de secretario de la Embajada Argentina en Tokio hasta
1931. Allí realizó trabajos en punta seca, tinta, pincel, y algunas acuarelas y
xilografías que luego compiló en el libro Dibujos
del Japón. Con el mismo cargo es trasladado a Brasil, donde pinta
paisajes coloridos y los típicos eventos festivales del país como los
carnavales. Realiza técnicas en acuarela con variedad de colores y utiliza la
mancha para lograr volumen. En su estadía conoce a Cándido Portinari
con quien expuso en Río de Janeiro. Finalmente, es nombrado en la Embajada en
Montevideo, Uruguay, en 1939, donde dos años después fallece y deja inconclusa
su obra Los
árboles del Prado de Montevideo.
Octavio
Pinto aplicó diversas técnicas en
sus más de ochocientas obras y demostró tanto nacional como internacionalmente
su gran talento y su contribución al arte cordobés yargentino,
ya que pudo imponer frente a una Córdoba conservadora y clerical el paisajismo
como posición política respecto a la identidad nacional.
Un breve recorrido conceptual sobre las
cartas
El
origen de la carta se remonta a la antigua clásica griega (Cicerón) hasta los
inicios del Humanismo. Las reglas o estructura de la epístola son las
siguientes: en el encabezado el saludo, luego, en el cuerpo del texto se busca
atraer la atención del lector con la propia narración y
por último, la despedida. La función específica de la carta es comunicar y
siempre existe una persona que escribe en un momento y espacio particular que
es inmediato para esta, sin embargo, no
para la otra persona que tiene cierta distancia con ese momento y espacio. No
obstante, así hay un diálogo entre ambos. Solo que hay que tener en cuenta la
diferencia en tiempo y espacio. En este sentido, Roxana
Pagés-Rangel[14] señala que
estudiar las cartas es acercarse a la organización del saber y decir de una
persona que se encuentra en cierto momento histórico produciendo un texto que
es individual pero que interviene en la sociedad. Igualmente, Michel
Foucault[15] decía
que en la escritura epistolar el discurso hacia el otro se construye como una
forma de presentarse para uno mismo y para con los demás. De esta manera, la
persona muestra su mundo interior (ideas, sentimientos, miradas) a un
destinatario que es muy probable se encuentre invocado por ese mundo interior
del emisor.
La
carta puede ser estudiada desde diferentes perspectivas. Generalmente es tomada
por los investigadores como archivo de datos o fuente de testimonio respecto a
temas de interés que involucran a la sociedad. En definitiva, la epístola es
privada y una producción textual particular escrita en primera persona que
permitía la comunicación entre uno o más remitentes y
uno o más destinatarios. Era el medio de comunicación por excelencia hasta
finales del siglo XX. En esta oportunidad, la carta es entendida como el
intercambio discursivo que está diferido en el tiempo y en el espacio y hace
alusión a los afectos, admiraciones profundas, consonancias o desacuerdos entre
los sujetos[16].
Concretamente, las cartas privadas son muy importantes y valiosas para ampliar
el conocimiento y comprender la historia, como en este caso que el intercambio
epistolar involucra a dos figuras destacadas de la historia cordobesa y
argentina.
Por
su parte, Doll Castillo[17] plantea que la producción
textual de la carta pertenece a un tipo de discurso: el género discursivo
primario. La autora toma esta idea de Mijaíl Bajtin,
un teórico del discurso, que propone pensar cualquier actividad humana en
relación con el uso de la lengua, ya que considera el lenguaje como social
porque no solo tiene funciones lingüísticas, sino también incidencia en
estructuras sociales, culturales, políticas. Esto haceque
las personas, más que individuos, sean seres sociales. Por eso, Bajtin[18] advierte que
los discursos aparecen cuando los sujetos los ponen en práctica, de lo
contrario, jamás existirían. Es así que diferencia
entre los géneros secundarios y los géneros primarios. El primero refiere a los
discursos más desarrollados como las novelas, dramas, investigaciones, que
tienen una estructura organizada; el segundo hace alusión a los discursos que
no tienen reglas formales como las conversaciones, diálogos,
cartas.
Los géneros primarios, una vez que se desarrollan, se convierten en secundarios.
O sea, el género primario es captado por el género secundario.
Las
cartas poseen una característica fundamental y es su función
pragmática-comunicativa que está atravesada por la subjetividad del emisor. En
relación con esto, Gloria Hintze y María Antonia Zandanel[19] describen el
proceso de escritura de una carta en la que se encuentra un yo que escribe y un
tú como destinatario de ese escrito. En ese intercambio se produce cierta
intimidad. Una intimidad que está ausente pero que a la vez está presente. De
esto habla Patricia Violi[20], quien afirma que se trata de
un diálogo escrito a través de la ausencia del destinatario imaginado y que la
epístola no es solo el texto, siempre está diciendo algo más.
Siguiendo
a Nora Bouvet[21], otro
punto por desarrollar es la privacidad de la carta que surge entre dos
interlocutores y aparece un tercero que la transforma en pública. La autora
expresa que el género epistolar no tiene muy delimitadas sus líneas entre lo
público y privado, pero señala la importancia que tiene cuando se pueden trazar
matices ideológicos, comprender un estado de discurso de la época o recuperar
aspectos privados significativos por parte del emisor. Asimismo, Aurora Ravina[22] explica
que existe ya una larga y amplia tradición
sobre el uso de la correspondencia o diarios como fuentes de información.
Incluso, aboga por estudiar archivos que son de índole privada porque nos
acercan a la compleja vida política de un país y son, además, una prueba
inigualable con otros documentos.
En
suma, el género epistolar es posible de estudiar desde diversas disciplinas, especialmente
desde las ciencias sociales, para
contribuir a la ampliación del conocimiento. En este caso, las
cartas
encontradas involucran a dos personajes significativos de la primera mitad del
siglo XX que ameritan ser investigados. Las cartas fueron el medio por el cual las
personas
pudieron intercambiar discursivamente sus ideas, pensamientos, solicitudes o
cualquier tema que necesitaban abordar y comunicar. En este sentido, se creaba
un diálogo entre dos personas, pero diferido en tiempo y espacio, y esta es la
gran diferencia con lo que conocemos por diálogo interpersonal.
El
abuelo de Deodoro Roca era medio hermano de la abuela de Octavio Pinto. Roca
era el quinto hijo varón y compartía la misma edad con Pinto, por ello se
hicieron muy amigos, más allá de tener un lazo fámiliar
lejano. Ambos provenían de familias elite de
Córdoba y se formaron en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la
Universidad de Córdoba, en la que Roca se doctoró en 1915[23]. A finales de ese año, en
nombre de los graduados en la solemne colación de grados pronunció el discurso
“Ciencia, maestros y universidades”, que fue muy polémico para la época.
Declaró allí que la juventud de América era el futuro innovador para pensar las
nuevas sociedades que se venían debido a la
I Guerra Mundial. También hizo importantes críticas a la enseñanza de la
Universidad, describiéndolas como oscuras y rutinarias.
Roca
tenía su estudio en la calle Rivera Indarte 544, llamado “El Sótano de
Deodoro”, en el cual recibía visitas de intelectuales y artistas del país y de
otros lugares del mundo, como Stefan
Zweig, Hermann Keyserling,
José Ortega y Gasset, Raúl
Haya de la Torre, Eugenio d’Ors,
Waldo Frank, José Ingenieros, Alfredo Palacios, Lisandro
de la Torre y Rafael Alberti.
Roca,
además de abogado, era periodista[24] y uno de los
líderes de la Reforma Universitaria de 1918. Incluso se le atribuye el escrito
del célebre Manifiesto
Liminar[25], un
emblemático documento que describe las disputas y tensiones de la época
influenciado por las ideas modernas en Latinoamérica. Ese Manifiesto resume los
principales postulados reformistas y es un texto profundamente crítico a una
Universidad conservadora y con un régimen académico autoritario, que,
según
este movimiento cordobés que llevó a cabo la Reforma, ha conducido a “mediocrizar la enseñanza”.
Deodoro
era muy buen orador, por tal motivo pronunció el discurso de cierre del
Congreso Nacional Universitario el 31 de julio de 1918. Además, fue designado
consejero de la Facultad y profesor de la Universidad.
En
una autobiografía define su actuación de la siguiente manera:
No
he actuado en la vida pública de mi país desde la angostura de programas y
partidos políticos (...) Pero he hecho, al margen de ellos, y
desinteresadamente, una intensa y riesgosa vida pública. La haré hasta que me
muera, porque me interesa hasta la pasión el destino de la patria y sobre todo
el destino del hombre[26].
En
definitiva, y tal como dijo Ortega y Gasset: Deodoro
era el argentino más eminente que había conocido, como así también un
intelectual de primera línea del siglo XX. Por tal razón, es pertinente
investigar la relación de Pinto con Roca
en las cartas halladas, ya que, si
bien pertenecen a ámbitos diferentes, impactaron fuertemente en la vida
política y social de Córdoba.
Entre
1916 y 1919, Roca fue designado por el gobierno radicalista director del Museo
Provincial de Córdoba, actualmente conocido como Museo Emilio Caraffa. Fiel a
sus ideales, Roca propone una reorganización del museo poniendo énfasis en que
es un lugar de ampliación de conocimientos para la sociedad. Su antiguo
director, Jacobo Wolff, seguía los patrones
de un esquema especialmente técnico, las obras se encontraban dispersas y no se
había realizado ninguna modificación desde la creación del museo[27]. En 1917,
Deodoro escribe el proyecto[28] y
manifiesta:
Los
museos son, antes que todo, focos de investigación científica y centros de alta
cultura. Y el nuestro apenas sirve para distraer al público ‘municipal
y errante’ del
día festivo. Y no servirá nunca para otra cosa, mientras no le demos el
carácter y los límites que debe tener[29].
Para
emprender la reorganización contrata a un asistente, Alfredo Castellanos, y
junto a él comienza una primera etapa que consiste en anotar lo que existe en
el museo hasta el momento y darle un orden coherente. En la gestión se
presentan dificultades como falta de donaciones y escasos fondos para comprar
obras o recolectar objetos arqueológicos. Sin embargo, Roca logra que la
provincia compre piezas coloniales de Jacob Wolff
y
la pintura La
iglesita azul de Octavio Pinto.
La
primera carta de Octavio a Deodoro se la envía en mayo de 1917 desde Madrid y
dice lo siguiente:
Sr
Dtor. Deodoro Roca. Director del Museo de Córdoba.
Distinguido Director: Envio
con la presente las fotografías de mi obra “Casitas Muertas[30]” que he
donado a la Sociedad Pro ciegos de España para una exposición que organiza
Pilar Zubiaurre[31] y a la que también
concurren (ilegible), Anglada[32], Benedito
y
otros. Agradeceré al Sr. Director informe al Sr. gobernador
de mi incumbencia a esta exposición y a la Nacional de Madrid, como así mismo
de mi proyecto de permanecer en España mientras dure la guerra. Entretanto le
comunico que mi envio oficial para
ese
museo será posible recién a mediados del próximo año, debido a las
circunstancias de la guerra que hacen arriesgada toda tentativa de cargamento.
Reciba querido Director las seguridades de mi especial
estimación. Octavio pinto.
Con
otro bolígrafo, al costado de la segunda página escribe: “vale: me parece que
todo está en serio: no?”
Como
puede notarse, Octavio le escribe de manera formal al director del Museo, pero
luego, da cuenta con su posdata y en otra tinta que le habla a su amigo
Deodoro. Recordemosque Roca concreta la primera y
única compra del cuadro La iglesia azul de Pinto en su
gestión como director del museo.
La
participación activa de Roca en el conflicto
universitario hace que el Gobierno tome la determinación de apartarlo de su
cargo a principios de 1919. Sobre todo, luego de “vestir las estatuas de
Córdoba en repudio a la decisión gubernamental de retirar un desnudo del Salón
Oficial de pintura y de prohibir la enseñanza del desnudo artístico en la
Escuela Provincial de Bellas Artes”[33]. En su lugar, se nombra a
Monseñor Pablo Cabrera. Sin embargo, en 1922 se sancionó el proyecto de Roca y
Carlos Astrada de brindar becas por parte de la
provincia a artistas que quieran formarse en el extranjero.
Roca
era un pintor autodidacta y compartió con Pinto
su
admiración y encanto sublime por los paisajes de Ongamira
realizando obras de óleo sobre tela, utilizando técnicas en que las pinceladas
tenían una variada paleta de colores. Expuso en distintos eventos y en el Salón
Nacional de Bellas Artes desde 1935 hasta su muerte.
Fuente: Arte de la Argentina
Figura 3. Deodoro Roca. “Paisaje de Ongamira". 1939.
La
segunda correspondencia es una tarjeta postal enviada desde Santillana del Mar,
España, el 1 de octubre de 1917 y en forma de soneto. Dice lo siguiente:
Deodoro:
Estoy en Santillana del Mar con mis pinceles, con mis rojos, mis cadmios y
azules de cobalto; con tres o cuatro libros y mis recuerdos fieles y nada más:
mi vida sueña sin sobresalto. Aquí he gustado en éxtasis las más rosadas mieles
del sol sobre la piedra senil; el silencio alto donde se escucha el trote
glacial de los lebreles y a la tímida y yedra deshojar el basalto. Y aquí, mi
corazón ciego, que no creía ni aun en la virtud de su melancolía ha encendido
de nuevo su lámpara olvidada ¿Alumbraré el camino vago de la Doncella, que siendo humilde, sabe, siente que su mirada cruza por mis
jardines más alta que una estrella?
Octavio
Pinto. (ilegible): mañana apurado parto de este pueblito hacia Galicia. He
pintado y siento muchas cosas que no estoy contento de nada. Mándeme tu
conferencia de Montevideo[34]. Te felicito por el éxito. Salud.
Pinto,
al arribar a España, comenzó a pintar sobre paisajes urbanos y cotidianos del
país y a esto se lo podría considerar como “el inicio de una conformación
estética en la que el interés por lo local, el reflejo de la idiosincrasia
natural y social de cada provincia, en combinación con recursos plásticos
basados en un fuerte sentido del color”[35] [36]. Lo que lograba el pintor en
sus obras era un buen registro detallado del lugar y una representación de la
situación en un momento determinado de la historia. Algunas obras que realizó
ese año fueron: Salamanca,
Salamanca Nocturno, Calle de Salamanca, Compostela, Paisaje de España, León.
También escribió El álbum perdido36,
que se encuentra actualmente en el Museo de Totoral y se trata de un manuscrito
de dos páginas en el que entre sus líneas se destaca: “Justo es que el tiempo
destruya estas obras, para que nazcan otras nuevas”. Aquí, demuestra que está
atravesando cambios en su pintura y tal como dice Babino
(2013): “Es en España donde Octavio Pinto adquiere una conciencia respecto de
la idea de paisaje como categoría estética”[37]. Además, en Santillana del Mar
se reúne con Amado Nervo, gran poeta mexicano
de la primera mitad del siglo XX.
La
tercera epístola es otra tarjeta postal de octubre de 1917 escrita desde Compostela,
España,
en la que, por un lado, tiene el paisaje de Santiago de Compostela,
Basílica:
la puerta santa. La correspondencia dice así:
Te
envio nuevamente una postal (Maluf)
para decirte que la obra por el museo la enviare desde Madrid por medio de la
embajada, irá ahí muy segura. Como tú comprenderás entre trenes y andenes es
imposible de destinarla desde ya. Estoy impaciente por llegar a Madrid y ver lo
que han pintado durante el verano los demás muchachos. He lanzado la idea por
medio de cartas dirigidas a los artistas que conozco de realizar en Lucero una
exposición de artistas extranjeros en Madrid: hay italianos, rusos, alemanes,
chinos, creo que tendrá éxito mi iniciativa porque la guerra ha traído a España
muchos artistas. Entonces expondré mis primeras cosas de España en Madrid. Tuyo
Octo.
Como
ya se mencionó, Pinto tenía que enviar una
obra por año al país. Sin embargo, ese año estaba en pleno desarrollo la
Primera Guerra Mundial. Era bastante complicado realizar cargamentos y
trasladarlos de un país a otro. Por otra parte, se nota el entusiasmo que
estaba teniendo Octavio con su viaje a España y de los
vínculos que estaba forjando con distintos artistas como Manuel Gálvez, Miguel
de Unamuno, Ricardo y Pilar Baroja,
Santiago Rusiñol, Joaquín Mir, Juan de la Encina, Ortega
y
Gasset, entre
otros.
Fuente: Museo Octavio Pinto
Figura
4. Octavio Pinto. “Compostela". 1939.
La
cuarta carta es la última y la más extensa, se la envía desde Madrid en
diciembre de 1917 y dice lo siguiente:
Querido
Deodoro: no te daré el gusto, y seguirás recibiendo cartas a pesar de tu
silencio. Es verdad que tu cargo oficial me obliga esta vez a escribirte para
de toda convención social, pues se cumplirá un año que no recibo noticias
tuyas. ¿Estas casado? Si es así, no hagas el marido ideal de cuando en cuando,
escápate al escritorio y conversa en los amigos, no todos te enviaran a lo de
(ilegible); no todos, te preguntan indiscreciones como a nuestro bien secundado
Diógenes. Si ella sabe escribir en máquina Martinez
Paz[38] decía que es uno de los
idealismos del matrimonio el dictar a la nueva máquina Undemold...!
(ilegible) a la máquina y escríbeme una carta en que por lo menos todo se pueda
oír...
Yo también no te diré una palabra de
intimidad y eso querido Deodoro que tengo páginas! Páginas
les llamo yo, otros mecos artistas dicen novelas, todas (ilegible). Bueno,
pasado mañana parto a Kánger, como en todas mis cosas
he cambiado, por el voto unánime de mis sentidos, todo un inventario fabricado
en una semana de dudas: los pájaros también se vuelven en invierno a África y
nosotros debemos ver nuevas amistades que un pájaro. No habrá submarino que me
corte el estrecho. Ya en mi cabeza estoy oyendo sonar mis pasos por las calles
judías de la ciudad blanca y hasta de literatura: Ruega a N. Señor Don Kaiser[39] que me conserve la vida.
Deodoro estamos en el antiguo testamento Tehová
protege al Kaiser porque el Kaiser tiene en la mano la espada de Dios. Tal vez
en África me haga mahometano o judío él dirá por mi carta a la casa sabes que
he trabajado mucho, pero no estoy contento de nada. Quiero que le digas al
ministro que tengo un cuadro terminado para enviar al museo. Llevo en la casa
la guerra submarina, me exigen pagar de antemano flete, seguro te y quién sabe si les llegará. Yo quería dejarlo en la
Embajada a nombre del Gobierno de Córdoba pero el
Embajador Avellaneda dice que basta mi palabra, pero si tú quieres recibir esa
obra que tiene más de un metro por alto escríbeme si el museo allí me
reembolsará los gastos de flete, sino te enviare por junto de obras el año que
viene. Recuerdo (ilegible) a las de tu casa. Leí tu exposición de Montevideo,
me la envio la nena mil gracias por tu recuerdo,
desproporcionado en la tarde cena que fue aquel cuadrejo.
Re me envió tu artículo en contra del Kaiser, me gusto más el de Rodó; en este
se convierte cierta uniformidad de prosa y argumentación a los lugares que cada
día me gusta menos. Creo en la neutralidad argentina. Mañana, dentro de tres o
cuatro siglos se pasara decir que hubo un pueblo en el
mundo que no se ensució el alma ni las manos en este affaire
que
se llama guerra mundial. Tuyo Octo.
En
esta correspondencia hay varias cuestiones por señalar. Por una parte, gracias
a esta carta podemos decir que Deodoro no ha respondido las correspondencias
anteriores de Pinto durante ese año; esto hizo que en esta investigación no se
haya realizado una búsqueda de cartas por parte de Roca.
Por
otra parte, se puede afirmar que esta carta revela el nivel de intimidad que
compartían, ya que le pregunta por aspectos privados de la vida de Deodoro y
hasta incluso le hace reclamos que no habíamos visto en otras comunicaciones.
También, cabe destacar que se obtuvo un dato no conocido hasta el momento. Se
trata de la fecha de su viaje a África a finales de 1917. Además, deja clara su
posición ideológica cuando hace referencia metafóricamente al Kaiser Guillermo
II de Alemania, un emperador que intentó mantener el poder militar hasta 1918.
Incluso menciona el artículo de Deodoro en el diario de La
Nación titulado: “El estado alemán ante la conciencia argentina”,
en el cual Roca critica fuertemente a los alemanes. Además, comenta sobre la
conferencia de Montevideo en
la cual Roca, junto a Arturo Capdevila,
fue invitado por el Ateneo de Montevideo (Uruguay) a exponer sobre José Enrique
Rodó[40]. Por ello,
Pinto hace la comparación entre ambos artículos.
Asimismo,
no solo le habla a su amigo, también le escribe al director del museo porque le
sigue hablando de cuadros (aunque no se puede deducir de qué obra podría estar
tratándose), y sus complicaciones para hacer los respectivos envíos a
Argentina.
Finalmente,
cierra la carta remarcando la neutralidad de Argentina durante la Primera
Guerra Mundial.
Las
inquietudes de ambos transformaron durante la primera mitad del siglo XX distintos campos;
por
un lado,
Deodoro
en lo educativo y político, y por el otro,
Octavio en lo artístico. El primero, a través de su estudio, la docencia en la
universidad y los escritos un tanto polémicos,
que hacen a una figura que representa el privilegio de aquel capital simbólico,
como así también su participación en el espacio público. El segundo,
con
sus relaciones
internacionales,
al principio gracias a la beca obtenida, en las cuales se vinculó con
personalidades de la época como Ortega y Gasset y Julio
Noé
y tantos otros años más tarde por su labor como diplomático.
Ambos
se propusieron intervenir el espacio tanto social, político como urbano y
cotidiano de la ciudad de Córdoba desde un escenario que cruza puentes de
diálogo entre la universidad y el mundo artístico, cumpliendo así la labor de
la generación de 1914 que tenía como propósito renovar el tiempo que les tocó
vivir. Octavio y Deodoro pertenecieron a la configuración de esta generación
que creó una identidad en cuanto al arte y la política. Esto puede verse
claramente con la Asociación Córdoba Libre creada en 1916 con la finalidad de
dar cuenta de las ideas desde un círculo ideológico-cultural donde participaban
Arturo Orgaz, Deodoro Roca, Saúl Taborda, Arturo Capdevila, Emiliano Gómez
Clara, Octavio Pinto, Julio Carri Pérez, Carlos
Suárez Pinto, Raúl W de Allende, Rómulo Argüello, Moisés Tecera o
Emilio Soaje, entre otros.
Deodoro
desde su sótano y Octavio con sus pinturas unieron preocupaciones por lo social
y cultural de una Córdoba monárquica y monástica. Estos
dos personajes importantes de la historia nacieron en el mismo año y
fallecieron con un año de diferencia. Compartieron la vida rodeados de
personalidades intelectuales y, especialmente, de
los reformistas que lograron la Reforma Universitaria de 1918. Cuenta Adela en
el ensayo que cuando visita a Deodoro Roca en su casa por la muerte de Octavio
Pinto, “muy herido” la abraza y “llora largamente”. Se sabe que Pinto le regaló
el cuadro La
iglesia y el árbol que está en poder de Marcelo Roca (el hijo de Dedoro).
Por
último, cabe cerrar este trabajo destacando las correspondencias inéditas que
colaboraron en la indagación del vínculo afectivo y amistoso entre ellos, así
como también los temas que se narraron, dejando en evidencia los problemas que
interpelaban a dicha generación.
Financiamiento
Sin
Financiación
La autora declara no tener conflicto de
interés.
La
autora declara que este articulo no tiene implicaciones éticas en la escritura
o publicación.
Entrevista a trabajadora
del Museo Octavio Pinto en Villa Totoral (Córdoba-Argentina).
Folleto Deodoro Roca:
"Un reformista en el museo (1916-1919)” editado por el Museo Emilio
Caraffa. Museo Octavio Pinto en Villa Totoral (Córdoba-Argentina).
Babino, María Elena, "Arte argentino en España. Octavio
Pinto y su primer viaje a Europa. Un aporte a la estética del paisaje
nacional”, en Revista de Instituciones, Ideas y Mercados, n.°
59 (2013): 11-36. https://riim.eseade.edu.ar/
Bajtín, Michail. Estética de la creación verbal. Buenos Aires:
Siglo XXI, 1990.
Bouvet, Nora E. La escritura epistolar. Buenos Aires: Eudeba, 2006.
Deodoro Roca: "Un
reformista en el museo (1916-1919)”. Folleto editado por el Museo Emilio
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privada como práctica discursiva: algunos rasgos característicos”, RevistaSignos 35, n.° 51-52
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Violi, Patricia. "La intimidad de la ausencia: formas de la
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Zablosky, Clementina. "Fragmentos para una historia del paisaje en Córdoba”,
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Zablosky, Clementina, Chretien, Bárbara,
Guillermina Heredia, Silvia Berruezo y Rocío Juncos, "El Primer Salón de
Arte de Córdoba. 1916”, en Fragmentos para una historia de las artes en
Córdoba, editado por Marcelo Nusenovich y Clementina Zablosky,
Córdoba: Brujas, 2013, 53-108.
Cómo citar este artículo: Gaiteri , Esmeralda . “Intercambios epistolares inéditos entre Deodoro Roca y
Octavio Pinto” Revista Historia de la Educación Latinoamericana vol. 25 no.41
(2023).
[1] Egresada de la Facultad
de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Córdoba. Becaria
Doctoral por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional
de Córdoba, vinculada al Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales de la
Universidad Nacional de Córdoba. Premio Joven Investigador Latinoamericano
"Diana Elvira Soto Arango", instituido
por la Sociedad de Historia de la Educación Latinoamericana, 2019, esme_g196@ hotmail.com
[2] Durante varias décadas de luchas por la independencia, el Camino
Real fue partícipe de acontecimientos claves de la historia argentina. Luego de
lograr la unidad nacional e independiente, se fundaron los pueblos Villa del
Totoral, Jesús María, Colonia Caroya, Sarmiento, Macha. Finalmente, se deja de
usar el Camino cuando llega el ferrocarril y la creación de trazados viales, lo
que hoy se conoce como ruta nacional n.° 9.
[3] Fundador de la ciudad de Córdoba el 6 de julio de 1573.
[4] María Elena Babino, "Arte argentino en España. Octavio Pinto
y su primer viaje a Europa. Un aporte a la estética del paisaje nacional",
en Revista
de Instituciones, Ideas y Mercados, n.° 59 (2013): 11-36. https://riim.eseade.edu.ar/
[5] Este curso tuvo gran reputación por los estudiantes que asistían
a este. Algunos de ellos: Pedro Centanaro, Emiliano Gómez Clara, Deodoro Roca,
Carlos Bazzini Barros, Fray Guillermo Butler.
[6] Adelina Pinto, Ensayo biográfico de Octavio Pinto
(Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba, 1974), 29.
[7] María Elena Babino, "Arte argentino en España..."
[8] Clementina Zablosky, "Fragmentos
para una historia del paisaje en Córdoba" Revista Separata 11,
n.° 16 (2011): 3-20. http://ciaal-unr.blogspot.com/2019/09/revista-separata.html]
[9] Adela Pinto, Ensayo biográfico de Octavio Pinto, 77.
[10] Documento que se encuentra exhibido en el Museo de Octavio Pinto en
Villa Totoral, Córdoba.
[11] Manuel Gálvez sugirió el nombre, según revela en su libro La novela de Córdoba
(Buenos Aires: Taurus, 2002).
[12] Clementina Zablosky
et al.,
"El Primer Salón de Arte de Córdoba. 1916", en Fragmentos para una
historia de las artes en Córdoba, editado por Marcelo Nusenovich
y Clementina
Zablosky
(Córdoba: Brujas, 2013), 53-108.
[13] Es una iglesia de mediados del siglo XVIII, ubicada en las Sierras
Chicas de la provincia de Córdoba, Argentina. Se trata de una reliquia de la
época colonial, por este motivo fue declarada Monumento Histórico Nacional en
1941.
[14] Roxana Pagés-Rangel, Del dominio público:
itinerario de la carta privada (Amsterdam-Atlanta: RODOPI, 1997).
[15] Michel Foucault. La escritura de sí
(Buenos Aires: Nueva Visión, 1990).
[16] M. C. Vera de Flachs, "El epistolario de Gregorio Bermann a
Deodoro Roca", Revista
de Historia de la Educación Latinoamericana, n.° 20 (2018):
69-88. https://www.redalyc.org/journal/869/86959043002/html/
M. C. Vera de Flachs et al., "Gregorio
Bermann y Lisandro de la Torre a Deodoro Roca", Revista de la Junta
Provincial de Historia de Córdoba, n.° 29 (2017): 109-135.
[17] Doll Castillo, Darcie. "La
carta privada como práctica discursiva: algunos rasgos característicos", Revista Signos 35,
n.° 51-52 (2002): 33-57. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342002005100003
[18] Mijail Bajtin, Estética de la creación verbal,
(Buenos Aires: Siglo XXI, 1990).
[19] Gloria Hintze y María Antonia Zandanel, "Algunas nociones sobre
el género epistolar a propósito de las cartas de Francisco Romero". Cuyo. Anuario de
Filosofía Argentina y Americana, vol. 29 (Mendoza: Instituto de
Filosofía Argentina y Americana, 2012), 13-33. https://core.ac.uk/download/pdf/61888386.pdf
[20] Patricia Violi, "La intimidad de la ausencia: formas de la
estructura epistolar". Revista de Occidente, (1987):
87-99.
[21] Nora E. Bouvet, La escritura epistolar
(Buenos Aires: Eudeba, 2006).
[22] Aurora Ravina, "Archivos
revisitados: la correspondencia epistolar como fuente para la historia
social". En Memoria
Académica (La Falda-Córdoba: FAHCE-Universidad Nacional de La
Plata, 2009), 1-21. http://www.memoria.fahce.unlp. edu.ar/trab_eventos/ev.9682/ev.9682.pdf
[23] Su tesis titulada: Monroe-Drago. A.B.C. Reflexiones sobre la
política continental, tuvo fuertes repercusiones y hasta fue
reseñada en la revista de Filosofía dirigida por José Ingenieros.
[24] Años más tarde fue coeditor del periódico Flecha
y de la revista Las
Comunas.
[25] Manifiesto
Liminar, (Córdoba:
Universidad Nacional de Córdoba). https://www.unc.edu.ar/sobre-la-unc/manifiesto-limi- nar
[26] Néstor Kohan, Kohan, Néstor. Deodoro Roca, el hereje (Buenos
Aires: Biblios, 1999).
[27] Se creó un Salón de Pintura en 1914, que parecía ser un comienzo de
transformación.
[28] Propone nuevos lineamientos que coinciden con las convicciones que
animaban sus acciones en la Universidad. Plantea, además, crear dos
instituciones independientes: el Museo Colonial y Museo de Bellas Artes, por un
lado, y el Museo de Historia Natural, por el otro.
[29] Deodoro Roca, Proyecto
de reorganización del Museo Provincial de Córdoba, 1917.
[30] Hasta la actualidad, no se sabe dónde se encuentra esta obra.
[31] Se trata de la hermana de Valentín Zubiaurre Urionabarrenechea y
Ramón de Zubiaurre, ambos célebres pintores vascos sordomudos. Los tres eran
hijos del músico Valentín de Zubiaurre. Pilar se encargaba de organizar las
exposiciones de los hermanos en distintas ciudades de Europa y América, así
como en Japón. Era escritora y pianista.
[32] Se trata de Hermen Anglada Camarasa, un pintor español (catalán)
considerado el máximo representante del posimpresionismo y conocido por
realizar figuras femeninas y paisajes.
[33] Cristina Vera de Flachs, "El epistolario
de Gregorio Bermann a Deodoro Roca".
[34] Se trata de la aplaudida Conferencia sobre José Enrique Rodo en el
Ateneo de Montevideo, Uruguay.
[35] María Elena Babino, "Arte Argentino en España".
[36] Texto clave para entender los pensamientos de Octavio respecto a la
pintura y el paisaje.
[37] María Elena Babino, "Arte Argentino en España".
[38] Supongo que habla de Enrique Martínez Paz (1882-1952), un
historiador, filósofo, jurista y sociólogo argentino. Partícipe de la Reforma
del 18. Tiene vínculo con Pinto cuando fundaron la Asociación Córdoba Libre en
1916.
[39] Kaiser Guillermo II de Alemania.
[40] Rodó fue un escritor y político uruguayo. Fue una gran influencia
en las ideas del reformismo, sobre todo por su
corriente ideológica arielista.